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Cortesía de Jesùs Redondo Lavín (Madrid)

 

Nació en Valladolid (España) el 8 de Abril de 1906, muere en 1963 en Caracas, Venezuela. En 1920 su familia se traslada a Monforte de Lemos, Provincia de Lugo, actual comunidad autonoma de Galicia. En 1934 vuelven a Valladolid. La proclamación de la república hace que los hospitales abran las puertas al personal civil, allí se hace enfermera, continúa su bachillerato para lograr el título de comadrona y ATS (practicante). Al estallar la guerra, ella que vive con su hermano Pepe, al ser asesinado por los falangistas, huye a Monforte.

Llega a Caracas en 1950 como enfermera, aficionada a la literatura y al teatro. Ana Teresa Arismendi de Nuñez, probable descendiente de la heroína Luisa Cáceres de Arismendi, la acoge en su casa como a una hija que cuidaba su frágil salud; dama altruista de la ciudad de los techos rojos, considerada “El hada buena de la clase media” en la biografía homónima que le dedicara el historiador Antonio Reyes en 1954. A la muerte de “su Señora”, Carmen Botas contrajo matrimonio en 1959, muriendo cuatro años después, sin dejar descendencia. Probablemente vivía cerca de la plaza Altagracia; la describe en uno de sus poemas desde la cotidianidad de un ir y venir, observándola. También a su pueblo querido y aborrecido, Monforte, lo añora en sus poemas.

 

Su padre fue ferroviario; "Jefe de tren" el bisabuelo Lorenzo Botas, nacido en Brazuelo, pueblo de León (Actual Castilla León), en el corazón de la Maragatería. Los "Maragatos" eran personas muy particulares, usaban pantalones "gauchos" y dedicaban su vida a la arriería. Su madre Dolores Blanco Fresno era de Torrelavega (Santander). Recientemente, su familia encontró 4 ejemplares de su único libro publicado, Magia divina (Caracas, 1960), que sus descendientes se “pelean” por disponer.

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Cortesía de Jesùs Redondo Lavín
(Madrid)

Toda la información sobre la autora, aunque con “lagunas” que se están intentando llenar, fue posible por el excelente y minucioso –en descripciones geográficas-anímicas-jocosas– escritor (está por descubirlo) Jesús Redondo, el “Cronicario” de la familia, quien “vive”(atento) entre Madrid y Santander (donde dedica sus vacaciones a remover piedras y maleza para encontrar las suculentas historias familiares). Sobrino nieto de la poeta, nieto de Dolores Botas la mayor de las tres hermanas (Pilar las dos); además de cuatro hermanos varones.

OBRA LITERARIA: Poemario: Magia divina (Caracas, Madrid, Ediciones EDIME-Venezuela, 1960). Depósito Legal: M. 8.857. Impreso en España O-T. Alhambra Sierra de Monchique, 25, Madrid.

(Del libro Magia divina, 1960)

A las entrañables amigas Conchita Prieto y Mireya Blanco.
A mis queridos hermanos Lola y Dionisio con todo cariño.



MAGIA DIVINA

Hoy rompieron las rosas inopinadamente,
se dieron a la vida tan silenciosamente
que nadie oyó el crujir de sus pétalos suaves
al irse desplegando lentos y virginales.

Anoche sus capullos eran casi imprecisos,
y es por lo que hoy parece como mágico hechizo
la augusta plenitud de su rara hermosura

¿Qué ser o qué elemento laboró en su estructura? 
¿ Qué diminutos dedos tejieron silenciosos
la seda ultrafinísima de su ropaje airoso? 
¿Y qué docto hechicero combinó las esencias
que dieron ese aroma de real magnificencia?

¡Oh Dios, cuántos milagros nos muestras diariamente! 
¡Tus manos no se cansan, siempre están diligentes
creando testimonios de tu excelsa grandeza! 
¡Hoy le diste a las rosas tan extraña belleza!

No consientas, Señor, que algún ser se enamore
de su esplendor y venga a tronchar estas flores
cuya vida tan sólo a ti te pertenece.
Son tuyas, ¡sólo tuyas! ¡Y adoración merecen!



YO SÉ...

Yo sé que ha de aquietarse
el corcel de mi risa.
Que el aire de mi genio
ya no será ni brisa.
Yo sé que ha de apagarse
la luz de mi mirada
y que este Todo mío
se fundirá en la Nada...



HIJA DE ARIES

Me entristecía el moho
de las viejas paredes.
El tedioso silencio
de la ciudad arcaica
sembró en mí rebeldías
y despertó un anhelo
que hacía varios lustros
dormitaba en mi alma.

Quise ser golondrina
audaz y aventurera.
Alcanzar con mi vuelo
ciudades populosas
y huir de los lugares
románticos y tristes.
Harta ya de la calma
húmeda y deprimente
de mil tardes lluviosas.

Ansiaba paisajes
donde no hubiesen torres,
ni tétricas almenas
de un castillo feudal.
Quise romper el tedio
y la monotonía
de ver cómo la tarde
va en busca de la noche
y detrás de la noche
vuelve otro día igual...

Otro día sin risas,
sin ruidos ni emociones
que avivasen mis nervios
y animaran mis horas.
Quise ver otros rostros,
oír otros acentos y aspirar las esencias
intensas y fragantes de exuberante flora...

Me apenaba el tañer
de tétricas campanas,
heraldos del final
de una vida que pasa
a un plano diferente.
De una antorcha que deja
de alumbrar, y unos labios
que se cierran herméticos
bajo la brisa helada
de la Parca silente...

Y huí de aquellas nieblas
espesas y dañinas.
Del rugir de los vientos
al romperse en la cerca
en los crudos inviernos...
Todo allí se mostraba
feroz y deprimente.
Todo me anonadaba
y sumía mi espíritu
en un foso insondable
de silencios eternos.

Me alejé de los lares.
De las viejas raíces
que me ataban celosas
a la casona en grietas.
¡Yo que soy hija de Aries,
inquieta y emotiva!
¡Yo que soñaba siempre
que me nacían alas
y con ellas volaba
hacia rutas inciertas!



MI POESÍA LLAMA

Me invade cierta bruma
mística y anhelosa
al ver que en este siglo
tenso y electrizante,
pocos hombres se entregan
al dulce desvarío de soñar...

Hoy la vida es un ritmo
roto y descabellado.
La ansiedad y la angustia
se han fundido y aturden
a los seres enfermos
de inquietud desbocada.

Hoy la vida es un ritmo
que flagela y acosa
a las almas sin guía,
las cuales, como títeres
uncidos a la angustia,
danzan sin esperanza
como aves malheridas.

Los ojos de los hombres
¡se han tornado tan fríos!
se han cansado de todo
sin haberse saciado
de admirar lo más digno
y maravilloso.
Se han cegado de tanto
contemplar los números
y  el brillo venenoso
del oro fascinante...

Olvidan el origen
del hombre y de las cosas
y la misión divina
de todo ser u objeto
en el ir y venir
fecundo y palpitante
de los átomos  plenos
de fuerza creadora.

Mi poesía llama,
discreta y temerosa,
como una madre tierna
que observa que sus hijos
se alejan hastiados
de sus sanas consejas...

Mi poesía quiere
decir dulce y fraterna
a los seres perdidos
en el torvo bullicio
de este siglo estridente
que vuelvan sus miradas
hacia el Cosmos eterno.

¡Que admiren y veneren
su mágica grandeza
tan rica en simetría
y exacto movimiento;
que escuchen el latido
metódico y vibrante
de soles y de estrellas!

¡Que olviden los rencores
y apaguen egoísmos
hijos de la Avaricia,
sórdida y deleznable,
y endulcen los destellos
de sus frías miradas
al cruzarse en las vías,
ricas y populosas,
con sus hermanos flacos
sedientos de cariño...!



ALGO ETERNO HA BAJADO

Esta noche presiento algo nuevo en mi vida,
algo desconocido que hacia mí se aproxima. 
Es una dulce alarma que nunca la he sentido
y un deseo candente de que ello al fin se cumpla.

Estos anhelos míos son como esas simientes
que, igual que una sorpresa, surgen de un grano seco
y pujantes anuncian con ufana arrogancia
que retornan y ascienden, que su estirpe no ha muerto.

Hoy contemplo los astros con sosegada audacia,
como si la distancia se acortara de pronto
o mi ser se elevara hasta casi tocarlos,
y su extraña grandeza se hiciese ya asequible.

¿Qué mano poderosa se ha posado en mi hombro
y levanta a mi espíritu y arranca a mis congojas? 
Algo astral o algo eterno ha bajado a mi lado
y me anuncia que pronto se rasgará algún velo.
Esta noche presiento algo serenamente,
plena de admiración hacia lo inesperado. 
Mi sangre antes inquieta lata en venas y arterias
con un ritmo consciente, seguro y sosegado.

Que no vuelva a sentirme como hace unos momentos,
que era como una rama tronchada y macilenta
o un  pájaro sin plumas temblón y abandonado
a las crueles manos de un chiquillo sin freno.

Quiero ser una brizna volandera y errante,
átomo desprendido de una clavada roca
que se eleve al espacio buscando los confines
a la mano maestra que ordenó su destierro.

Y si fuese posible no volver a la Tierra,
ni sufrir más aciagos y amargos sinsabores. 
Vivir en los jardines eternos e impalpables
donde no se marchiten ni deshojen las flores...



YO ADORO AL SILENCIO

Yo adoro al silencio porque me regala
a veces ensueños de azul primavera.
Yo aspiro el aroma que exhala el silencio y
en mi alma florecen rosadas quimeras.

Es el camarada más fiel y sincero,
Nos abre los brazos y oye nuestras quejas. 
Escucha con calma, sin interrupciones,
y luego nos brinda sus cautas consejas.

Yo adoro al silencio de mi blanca alcoba.
Tiene suavidades de sedas y plumas
y su voz es fina como el terciopelo
o como una blonda tejida en espumas.

Cuando él me acompaña florece el pasado
y el mañana a veces se deja entrever.
Y es cuando indiscreta rompo su presencia
con hondos suspiros de tierna mujer...



COMO UN CLARO ARROYUELO


A mi querida amiga del alma
Lucía Castillo (Monforte de Lemos)

Hoy te vi reflejada en mi memoria
igual que en otro tiempo.
Y yo también estaba, amiga mía,
plasmada en el recuerdo.
Peinábamos las dos brillantes trenzas
¡qué hermoso nuestro pelo!
El mío, de un color rubio caoba;
el tuyo, casi negro.

¡Cuántos halagos escuchamos ambas
dichos por labios tiernos!
Gozábamos, entonces, de gran fama
en aquel verde pueblo.
tú eras igual que la Caperucita
heroína del cuento,
donde un lobo decía ser abuela
con burdos fingimientos.

Yo, delgadita y pálida, sufría
ya inquietantes anhelos.
contemplaba a las nubes y envidiaba
de las aves su vuelo.
tú al verme tan romántica reías,
y con tierno embeleso
al despedirme, siempre me estampabas
un candoroso beso.

¡Qué quietud en las tardes perfumadas
sentadas junto al seto!
En dulce soledad me confiabas
tus más hondos secretos.
Y allí junto a los pinos quejumbrosos,
me dijiste muy quedo
que muy pronto entrarías en la Iglesia
vistiendo blancos velos.

¿Por qué entonces sentí yo cierta angustia
y un poquito de miedo?
¿Y por qué tu clavaste silenciosa
tus ojos en el suelo?

Nuestra amistad tan pura y cristalina
como un claro arroyuelo,
¿iríase después amortiguando
como un viejo lucero?

¡Hoy, al través del tiempo y la distancia,
te vi en mi pensamiento
sonreírme fraterna y he sentido
inefable contento!

Y estoy segura que también captaste
mi imagen y que el viento
susurró unas palabras en tu oído
con mi voz y mi acento...



EXTRAÑA COINCIDENCIA

¿Me llamas trotamundos?  No creas que me enojo.
¡Sólo los trotamundos recrean a sus ojos! 
¡Ah, Quién pudiese, hermana, recorrer mil caminos
con la dulce zozobra que siente el peregrino!

Pernoctar bajo techo siempre desconocido,
beber en manantiales donde no hayan bebido
labios contaminados por besos infernales. 
Comer pan y miel fresca de sabrosos panales.

Y en las encrucijadas, al quedarme perpleja,
preguntar a la flecha de una veleta vieja
cuál es el buen camino que debo escoger
para hallar un refugio antes del anochecer.

Sentir en los crepúsculos tierna melancolía,
después de un dulce sueño ver como nace el día. 
Con infantil asombro y animosa esperanza
despedir al lucero que brilla en lontananza. 

Me llamas trotamundos y no me ofendo, hermana,
puede que por mis venas corra sangre gitana. 
¿Por qué ya desde niña odiaba las fronteras
y de noche soñaba con anchas carreteras?

Dirás que mis preguntas son algo peregrinas.
¿Por qué mi madre amaba tanto a las golondrinas?
¿Sería porque son incansables viajeras?
Y extraña coincidencia: ¡Yo nací en Primavera!



GRITO OCULTO

A Pedro y Madrona

Tú que niegas la vida de otra vida.
Tú que apuras la copa de lo abyecto
y exprimes hasta el último minuto
la vibración de músculos y nervios.
Tú confiesas a veces, sin palabras,
un temor a lo vago y a lo yerto
como si alguna vez te musitara
adentro de tu entraña, en un acento
irrebatible y parco, que sí existen
otros mundos de sombras y misterios.

Tú, que aunque niegas, gritas con tus ojos
un grito oculto que en mis ojos siento
el gran temor que sientes a lo ignoto.
Ese temor de ser pálido espectro
que sutil se deslice y que se funda
con las piedras, las aguas y los vientos...

Que vaya desvaído y vacilante
por las sendas vacías de lo incierto,
sufriendo sed de ser algo tangible
que batiera en batracio o en insecto.
Algo raíz o polen de la tierra
que huyese de lo mudo o de lo etéreo.

Tú que eres material en todo:
en tus actos, tus frases y tus besos.
Tú dejas entrever la duda eterna
que palpita en la médula del hueso
del hombre más audaz y más osado
que se burla de dioses y de templos.

Amante, hermano, no sé lo que eres,
al través de los tiempos lo veremos,
y quién sabe si entonces, convencido
de tu nuevo existir, sutil y cierto,
te fundas en mi ser y yo me funda
en tu nuevo vibrar, puro y eterno,
y sigamos los dos dialogando
sin palabras, sin voz y sin acentos.
¡En una comunión casi perfecta
por las sendas de mundos más perfectos!



MÁGICA FUENTE

¡Es tan fresca y sabrosa el agua de esta fuente
y tan dulce el murmullo de su clara corriente,
que hace soñar despierto al ser más terrenal
y al poeta le brinda algo que es ideal!

Su taza desgastada por el agua y el tiempo
ofrece generosa el consuelo al sediento,
y a su pie violetas con su humilde candor,
además de belleza, nos regalan su olor.

Muy cerca hay un asiento labrado en tosca piedra,
orlado por tenaces y cariñosas hiedras,
invita al caminante al tranquilo aislamiento
y a dejar libremente volar al pensamiento.

¡No es extraño, mocita, que al venir a la fuente
te sientes largo rato a soñar dulcemente
sueños color de rosa sin sombras de dolor
que obliguen a tus labios a sonreír de amor!

¡No es extraño que sientas lo que nunca has sentido
y que en tu corazón arrecien los latidos
cuando miras absorta y escuchas extasiada
a esa mágica fuente que parece encantada...!



¡UNA GRAN SEÑORA!

A la muy querida señora Ana
Teresa de Arismendi.

Esa gran señora
ve cómo desfilan
plácidas las horas,
y es como una efigie
de faz nacarada...
Ella pasa el día
siempre recostada
en su amplia butaca,
sonriente y graciosa,
rodeada de santos,
de fotografías
y de muchas flores
frescas y olorosas...
¡Qué plácidamente
las dos conversamos!
Y con nuestras mentes
a veces llegamos
hasta el viejo mundo
sin cansarnos nunca.
Nos causan tristeza
las interrupciones
porque muchas veces
el viaje se trunca
cuando disfrutamos
de más emociones...

Esa gran señora
siempre está risueña,
ella nunca llora,
a nadie le ofende
ni a nadie desdeña...
Sabe que en el mundo
todos la adoramos
con amor profundo.
¡Y que ella en la casa
es lo más valioso!
Pues cuando ella enferma
todos suspiramos
con ojos llorosos...

Siempre a Dios le pido
que esta gran señora
(que unas veces sueña
y otras veces ora)
viva muchos años
en plena ilusión.
Y que estas mujeres
que están a su lado
comenten con ella
los tiempos pasados,
mientras no comienza
la televisión...

............................................

Ya casi dos años
que esa gran señora,
para dolor nuestro,
impasible mora
bajo frías losas
en el Camposanto,
y a sus compañeras,
como ella nombraba a las servidoras,
las sumió en la angustia
larga y deprimente
de un sincero llanto...



LA CASA CERRADA

A Doña Teresa de Arismendi
de Núñez

Ahora la casa tiene ese halo de misterio
que crepita en los muros de un viejo monasterio.
Toda la casa gime, doliente y silenciosa,
al verse despojada de seres y de cosas.

Sus patios perfumados por exóticas flores
guardan ecos dormidos de sus tres moradores
que yacen insensibles a su aroma y encanto
en sus nichos de piedra allá en el Camposanto.

Unos meses tan sólo y todo se ha extinguido.
dentro de nada acaso quedará en el olvido
el rumor armonioso de incesante quehacer
y esa santa alegría que había por doquier.

¡Dios mío! Tú que hiciste los cielos y la Tierra,
bien ves cuánto dolor en los seres se encierra.
¡Qué frágiles los hombres...! Qué corto su existir...!
Apenas unos años de vibrante sentir...

Luego todo es silencio y plantas trepadoras
que gritan el quietismo tétrico de las horas
vacías, de palabras y pasos animosos
por una casa ahíta de afectos amorosos...



LA NIÑA Y LA MARIPOSA

La niña rió gozosa
corriendo por el jardín
detrás de una mariposa
a la que alcanzó, por fin,
y llegándose hasta mí,
sudorosa y jadeante,
llena de orgullo triunfante,
me dijo con frenesí:
¡Mira qué divina es!
¡Qué belleza y qué colores!
Es más linda que las flores,
y ya es mía, bien lo ves.
A casa la llevaré
y dentro de una cajita
sus alas rebonitas
diariamente admiraré.

Y la pobre mariposa,
en su mano aprisionada,
locamente aleteaba
por ver si escapaba airosa,
y un polvillo de oro fino,
verde y rosa, iba cayendo
y en vil gusano volviendo
lo que era antes tan divino
y alzando sus bellos ojos
de niña voluntariosa
refugiose en mí llorosa
llena de pena y de enojos.

Y yo, después de limpiar
en su carita dos perlas
y en mis brazos recogerla,
la quise así consolar.
Niña que a tus siete años
ves ya la desilusión
y tu tierno corazón
conoce ya un desengaño.
No persigas mariposas,
fiándote de sus colores,
y evitarás los dolores
que sufren las caprichosas. 



TARDE SEGADA EN FLOR

TARDE segada en flor...
dulces aromas
de nardos y alelíes generosos.
Se oye el rumor airoso
de una fuente y el canto
de una alondra enamorada...

Todo es suave y armónico,
es la hora en que el rey de la luz
se hunde y se aleja.
Duerme el viento sin alas
y sin voces.
y la noche se acerca,
silenciosa,
como una dama bella
y enlutada...

Todo es suave y magnífico
y mi alma bebe
en el manantial de este silencio
con la avidez
de un viejo peregrino.
Y el trágico dolor
que me embargaba
se ha quedado mohíno y achicado...

Tarde segada en flor...
dulces aromas y preludio
de nuevas esperanzas.
¡Hasta la hermosa luna
me sonríe
con sonrisa de hermana
cariñosa...!



VERSOS GRÁCILES

A mis nuevas sobrinitas
Hace tiempo que anhelo, niñas mías,
escribir versos gráciles y tiernos
que no hablen de temores ni de inviernos
ni de amargas ni acerbas ironías.

Quiero aunar mil palabras animosas
y ungirlas con perfumes exquisitos
donde el alma se exprese como un grito
de asombro ante una imagen milagrosa.

Versos llenos de paz y de armonía,
logrados a la luz de un claro día
recostada en la fresca y verde grama...

Suaves como una brisa de mañana
diáfana, florida y deliciosa

Y aromados con pétalos de rosa
caídos al azar sobre mi mano.
Yo os haré versos rítmicos y humanos.

Con leves tonos de melancolía
que os hagan sonreír místicamente.

Cuando yo me haya ido dulcemente
sin dejar huellas tristes en mi huida... 



A CARACAS

¡Oh ciudad, que te extiendes como una alfombra mágica
y te ofreces brillante y perfumada.
que hierves de inquietudes y de anhelos
como sirena bella y atrayente...!
En ti hay fervor de angustia esperanzada
y clamor de cien lenguas diferentes.

Murmuras como un río desbordado
que fecunda a su paso las orillas.
vas plasmando insólitas quimeras
mientras sonríes plácida y serena
bañada por un sol de maravilla
y una brisa de eterna primavera.

Hay en tus noches un alarde único
de luz que deja al hombre ensimismado
al ver tu arquitectura quinceañera. 
Ciudad ansiada por los seres tristes
que ven como en sus lares se marchitan las rosas
y saben que en ti hay siempre savia nueva.

No me hiciste el mohín indiferente
que hallé en otras ciudades populosas.
también yo presentí en el mismo instante
de llegar, que eras buena y generosa...

En ti se van los días dulcemente
y canta el corazón en sus latidos
al sentir que el influjo de tus horas
un nuevo impulso anima y acaricia
y otra vieja ilusión ha florecido.

¿Qué tienes tú que enciendes en la sangre
un fuego creador y alucinante
que hace vibrar a nuestras almas tristes
en una sensación sutil y extraña?
Tu cielo, tus canciones y tus flores,
¿serán acaso el bálsamo que aquieta
el ansia de volver de nuevo a España?

Eres lasciva y casta, fuego y brisa.
¡Oh ciudad, que desgarras y acaricias
en tu vértigo henchido de promesas...!
Sentí que ya te amaba al reencontrarte
y al entregarme a ti por vez primera
me enamoró tu luz inmaculada
que me envolvió solícita y amante
con suavidad de dulce primavera.

¡Selva en tu derredor...! Clamor de savia
que nos ofrece frutos y colmenas...
Susurros íntimos de una naturaleza
sagrada y virginal... ¡De gracia llena!



LA PLAZUELA DE ALTAGRACIA
 

Simpática plazuelita
que al caminante le invitas
en tu sombra a descansar,
y que en tu quietud amante
a más de cuatro estudiantes
les incitas a pensar.

Con sus frentes inclinadas
sobre el libro concentradas
sus ideas, van a ti,
que generosa les citas,
a que le digan sus cuitas
al venerado Martí.

La Iglesia con su costado
te da sombra y protección,
y en tu jardín perfumado
hallan los enamorados
un refugio a su pasión.

Plazoleta caraqueña,
No porque seas pequeña
Dejas de tener encanto.

¡Yo quisiera, diariamente,
contemplarte largo
y contarte mis quebrantos!



MAÑANA

Mañana cuando yo falte,
mañana cuando ya no haya
regadas sobre mi mesa
cuartillas emborronadas,
mañana, quizá, ya digan
esas bocas que ahora callan,
que son famosos mis versos
y tienen ternura y gracia...

Yo entonces..., muda, invisible
y un poquito despechada,
escucharé esos halagos
con una sonrisa amarga.
Y a mi lado otra alma amiga
me dirá, medio asombrada:
–-¡Hablan bien de tus poemas
y tú te muestras impávida!
Años y años enlazando
palabras y más palabras,
mirando al cielo y soñando
con regiones ignoradas
y alturas inasequibles
donde no llegan las águilas,
y ahora ¿qué? ¿Ni una sonrisa?
¿Ni un suspiro? ¿Ni una lágrima?

Mas yo seguiré mi ruta
sin escuchar las palabras
dichas, ¡ay!, por esos labios
que, despectivos, hoy callan.
Se adueñará de mi espíritu
una laxitud extraña
que hará olvidarme de todo
lo que en la tierra ansiara.

Olvidaré aquel pueblito.
Al hogar de mis hermanas.
¡Olvidaré hasta mis versos!

Y a esta mesita cuadrada
donde yo les doy soplo
de vida, dirán angustiadas
quejas los versos que ya nadie escucha,
al sentirse abandonada
en un desván polvoriento
donde duerme la esperanza
de una pobre poetisa
que soñó con un mañana...

¡Qué importa lo que murmuren
mañana cuando me vaya!
Yo iré por el mundo fuerte
donde no se ansía nada,
porque allí se encuentra todo
condensado en dos palabras:
¡Amor...! ¡Amor infinito...!
¡Y armonía inigualada...!