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LA BÚSQUEDA MÍSTICA A TRAVÉS DEL EROTISMO

Dr. Juan Gregorio Rodríguez
Universidad del Zulia, Venezuela, 1993

 

Tantos Juanes o la venganza de la Sota, novela de María Luisa Lázzaro, trae a la literatura hispanoamericana nuevas formas y nueva sustancia. Leída en la superficie, como desafortunadamente es la norma incluso para críticos de renombre, podría ser tildada de incoherente, arbitraria en su construcción, precipitada, desenfadada, obscena y hasta pornográfica si quien la clasifica y encasilla no se sale de los cartabones de una crítica miope y pacata.

Es, sin embargo, una obra de indagación, de bús­queda intensa de territorios desconocidos, de niveles de conciencia trascendentes. Pero no como investigación académica, científica, metódica y sistemática, como la que emprenden muchos novelistas a partir del nouveau roman, sino como un lanzamiento espontáneo hacia las profundidades del ser a través de la experiencia y la reflexión erótica, como puerta de entrada para alcanzar el ser que se es o el que se desea ser. La novela es una exploración de lo más hondo del sentimiento y de las inquietudes que se mueven en el inconsciente, para alcanzar la restauración del equilibrio perdido, la afirmación de una realidad primera, más importante y trascendente: la paz espiritual. Por eso emprende una aventura de mucho riesgo y se interna en lo más profundo de su ser, no a través de las vías contemplativas, sino mediante un recorrido de la vida bohemia y disipada de experiencia erótico-sensuales. Es un testimonio escrito que responde a una vida interior que se alimenta de sueños, de lecturas, de vivencias, tanto gratificadoras como frustrantes, con escenas o episodios anárquicos, ofreciendo una imagen quebrantada de una realidad esencial, que está mucho más allá de la experiencia que percibe la mirada superficial ordinaria.

Al mismo tiempo, Tantos Juanes, es una experimen­tación sobre el lenguaje que se convierte en protagonista de la novela. Es la placenta viva que nutre y dirige el acontecimiento y la pericia. No se trata del lenguaje como reflexión teórica sobre el arte de novelar, que se da en más de un novelista consagrado, que escribe para la crítica. La escritura en Tantos Juanes, funciona con independencia de las situaciones de los personajes, incluso de la misma autora que no es omnisciente, sino que entra en el relato como un personaje más, como si todos los hilos del texto estuvieran manejados por un ente superior. Un súper ego conciente, irónico, burlón; pero profundamente sincero y ético, cuya finalidad, predeterminada, fuera la transmutación interior y la trascendencia.

El personaje principal es Juanerma Orígenes Alemán García, extraños nombres. Revelan ya en su significante una combinación de elementos donde Juan, Hermes y Orígenes, constituyen una trinidad simbólica: “No todo el mundo se da el lujo de ostentar un Orígenes en su destino, hija. Los nombres no son cualquier cosa, eso es sagrado, es una invocación de las fuerzas de la creación. No en vano los Pietros son pietras de tranca, y por algo tu madre es Tertuliana, mi cielo, y tu padre, residuo de lo que fue Hermes”.

El nombre Juan, alrededor del cual gira toda la novela (el marido impotente, los posibles amantes), es en hebreo una combinación de Yo (Yavé, Dios) y Hannam (Ana, compasiva), es un nombre hermafrodita, pero es el paradigma del personaje popular en muchas naciones como: Juan Español, Juan Bimba, John Bull, Jan Kaas (Juan Queso). Lleva en sí, además de la popular, una profunda carga religiosa: (Juan el Bautista, el precursor, Juan, el discípulo amado); y la literaria: (los dos Juanes numerosos de la Literatura dramática y de la Literatura erótica). Orígenes, nos trae a la memoria no sólo el regressus ad originem, el anhelo fundamental del hombre al claustro materno, al «paraíso perdido», sino el elemento primordial de la experiencia mística, tanto en las religiones orientales como en la musulmana y judea cristiana. Orígenes es además el célebre teólogo cristiano de Alejandría del siglo III, que ve morir a su padre en el martirio, y quien para no sentir la tentación de la carne, en su anhelo místico y trascendente, llegó a castrarse, razón por la cual no figura en el santoral.

El Juan impotente y castrado, el Juan seductor, el Juan sin tierra, el Juan sin miedo, el Juan Tenorio y tantos Juanes más de la literatura y de la magia (el Juan de la calle: nombre de la mata que cura los males de la próstata, glándula productora del líquido seminal) están fabricados en la novela, al igual que los personajes femeninos: Juanerma, Mila, Mileidy, Milena, Marilyn, Ruba y Tertuliana: la madre impositiva, rigorista, contundente, dogmática, de ahí su nombre. Son personajes sacados del sueño, del mito, de la poesía, de la leyenda. Son, sin embargo, personajes reales, vivos, mucho más que la misma gente. Personajes que se escapan de las manos de la autora y emprenden su propia aventura en una tradición cervantina, unamuniama y pirandeliana.

Son personajes como la gente que conocemos, que nos rodea, y entre la que vivimos. Sus actos y situaciones son también cotidianas, conocidas y experimentadas. Por eso es una novela que puede golpearnos, desestabilizar nuestro equilibrio al mostrarnos lacras, anhelos y tendencias ocultas; distorsiones y vergüenzas que de alguna manera arrastramos como seres humanos. Son dramas microscópicos, muchos imperceptibles porque son internos y hay que adivinarlos, puesto que no se expresan sino que se viven. En la novela circula también una sutil sátira social que se aprecia en el tratamiento del lenguaje, mediante procedimientos verbales, repeticiones, inclusión de lenguaje tenue: la jerga médica y homeopática. La burla, como máscara que transparenta una profunda tristeza, pone de relieve la enorme vacuidad de los términos empleados, y manifiesta el carácter puramente artificial de la vida en sociedad que es, en definitiva, la del lenguaje.