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SENTIDO, SIMULACIONES Y APARIENCIAS

Vanessa Alejandra Márquez Vargas
Instituto de Investigaciones Literarias
Universidad de los Andes

 

Toda obra literaria representa un reto, tanto para el autor, como para quien lee. Las palabras enuncian con total libertad, en el entramado del discurso, significados más allá del símbolo, que sólo serán revelados a los osados lectores que las vinculen a los saberes existenciales de sus propios mundos. Además, quien se tome la compleja tarea de desentrañar un texto literario, debe asumir –según sea el método –, una postura interpretativa que relacione todas las posibles realidades que se noten en el texto a partir de la propia experiencia, tal cómo lo expone Hans Georg Gadamer en su ensayo sobre “El Análisis de la Conciencia de la Historia Efectual”[1], y develar el trasfondo de la creación del discurso plasmado en la obra. Cada relectura de un texto permite al lector–indagador, abrirse en un compás de situaciones que evidencian los instantes de pasión, conocimiento, lugares y espacios por los que transitan personajes que coinciden, en su manera de actuar, con sujetos de su realidad. En muchas ocasiones, la gran semejanza de los personajes con la cotidianidad del lector, hace que éste reaccione de diferentes formas ante el texto leído, adoptando una postura crítica ante las situaciones narradas. El lector es testigo de cada movimiento del personaje, de sus tragedias, desengaños y necesidades más íntimas, lo que le permite adaptar sus sentidos a las acciones que narra la historia, explorando la literatura a partir del reconocimiento de la intertextualidad de la vida como principal y más compleja obra narrativa.

Del mismo modo, es importante que el lector sepa conducirse por los caminos literarios y esté en capacidad de reconocer el valor artístico de una obra. Puesto que, en el mundo globalizado en que vivimos, difícilmente se encontrará un canal de comunicación que no alimente de informaciones diversas a un usuario de la lengua –término que me atrevo a referir tomando en cuenta el boom tecnológico de la época actual–, facilitando algunas de las herramientas básicas para el reconocimiento de una producción artística, aún corriendo el riesgo de que todo se mal interprete. Por esta razón se plantea la misma pregunta con la que Gadamer titula uno de sus ensayos en Poema y Diálogo, “¿Qué debe saber el lector?”[2], específicamente qué debe saber un lector de lo que puede encontrar en una novela como “Tantos Juanes o la Venganza de la Sota”[3] de la escritora María Luisa Lázzaro (Caracas, 1950).

En tal sentido es propio comenzar donde todo proceso interpretativo debe iniciarse, en aquello donde se crea más expectativa sobre lo que se va a contar, en el propio título, como señala Álvaro Pineda Botero “el título, como entidad lingüística cubre todo aquello que la historia, el uso, el arte, la cultura, han puesto en él. El título evoca ideas, hechos, formas, sensaciones…”[4]. “Tantos Juanes o la Venganza de la Sota”, título que nos abre las puertas a mundos desconocidos, nos invita a indagar sobre lo trascendental de la historia, el mito y la cultura. Si comenzamos por destejer la maraña de significado que nos remite el título de la obra, iremos descubriendo, más que elementos fantásticos, referencias míticas que han estado y están presentes en los antecedentes culturales de la literatura.

Así, la marcada presencia de Tantos Juanes nos remite a la leyenda medieval de Don Juan, aquel ostentoso hombre, pícaro y burlador, que rondaba los espacios de la corte en busca de doncellas con el propósito de robar sus virtudes. Figura representativa de la vasta literatura romántica, los Tantos Juanes del Siglo de Oro Español, verbigracia El Burlador de Sevilla y Convidado de Piedra, de Tirso de Molina; El Estudiante de Salamanca, de José De Espronceda, y Don Juan Tenorio de José Zorrilla; por citar algunos de los más estudiados. Por su parte La Venganza, cuya raíz viene del latín vindicare y este a su vez de vindex, vindic, que quiere decir vengador, es la palabra clave para comprender el centro de la narración, y finalmente, de la Sota, también de raíz latina, subtus, debajo, denotando lo subalterno, lo sustituto; en género femenino refiriendo a una mujer insolente y desvergonzada. La sota es la carta décima de cada palo de la baraja española, que tiene estampada la figura de un paje o infante, elemento importante de la cultura hispana, como representación del azar.

Podemos, entonces, intuir, a partir del sencillo abreboca etimológico de las palabras que conforman el título, que la obra quiere mostrarnos la soledad, la melancolía, y los conflictos de personajes que se refugian tras las sombras o bajo cualquier disfraz, con la necesidad de ser oídos desde su periferia. Asimismo, el donjuanismo, como lenguaje novelesco representado por la figura femenina, superando el estricto donjuanismo del personaje masculino como centro de interés; el azar y los designios del destino sobre la vida humana, resultante del contraste entre el modelo mítico y el personaje novelesco convencional, la superación de lo erótico a partir de la experimentación y represión de las emociones pasionales, lo que atrae al lector a un universo pleno de misticismos y sensaciones profundas que motivan a la reflexión y al goce estético producido por un lenguaje rico en recursos literarios.

El lector debe estar dispuesto a trasladarse a los ambientes que le son narrados también, ser capaz de transgredir sus límites y dejarse llevar por el poder de la ficción hasta desvanecer su mundo físico y permitir que el azar, que envuelve la lectura, lo conduzca a la fascinación y a la crítica.

El conocimiento del lenguaje, es el conocimiento del mundo. Las palabras no son elementos vacíos pues, no sólo reflexionan en sí mismas como significados teóricos sino también como significantes situacionales de cada personaje denotando su independencia narrativa y su participación en la macro historia que se hila a lo largo de la trama. La compleja narración de una novela nos obliga a prestar atención a las vinculaciones entre aquello que en los manuales de escritura viene convenientemente separado y encasillado, como si de distintas realidades se tratara. Los discursos modernos y postmodernos están signados por diferencias y semejanzas notables en la escritura de un texto, pudiendo estos fundirse y sumergir la narración en un universo fragmentado. Tal es el caso de “Tantos Juanes o la Venganza de la Sota”, cuya estructura discursiva rompe con el canon lineal acostumbrado por el genero novelesco, incluyendo una multiplicidad de elementos que diseminan su clasificación. El azar y la ficción traspasan los límites de un discurso central, adornado y canónico, para reclamar la voz de un otro que se encuentra en los márgenes, en los testimonios, en lo subalterno. La cotidianidad de los personajes, los espacios comunes en los que habitan, la resistencia, la decadencia amorosa, el aislamiento, la felicidad limitada, el asesinato, la muerte y la sexualidad confundida, enmarcan la obra desde el punto de vista discursivo, en los territorios de la postmodernidad, aún cuando existan vestigios de elementos modernos de la tradición cultural como el tabú sexual, la superstición y el mito. El sentido se revela de distintas formas en la cantidad de veces que se construya un significado. Las palabras, los párrafos y el texto completo cambiarán su rumbo cada vez que se reconozca la finalidad de lo escrito, cada vez que sea leído, complementado, analizado y se abra una profunda corriente de imaginación en el lector.

Parafraseando a Aristóteles, todo va implícito en el lenguaje, en el hombre que comunica sus necesidades más inmediatas haciendo uso y desuso de las “formas” que le convienen para imponerse a su propia cultura. En el lenguaje todo significa y en el universo de la palabra todo es posible, el significado es potencial y se amolda al imaginario de todo aquel que la utilice para llenar espacios vacíos. Es así como se mueve la palabra en el texto, como piezas de ajedrez.

“Tantos Juanes o la Venganza de la Sota” es narrada a partir de las carencias de múltiples personajes relacionados desde la investigación policial, realizada por el presunto asesinato del personaje principal de la novela. Presentando al lector un mundo elaborado a partir de cartas, encontradas como única evidencia para descifrar la muerte. La historia se reconstruye como un rompecabezas de diminutas piezas difíciles de encajar, dejándole al lector la tarea principal de la reconstrucción. La presencia de un cadáver y las posibilidades de un asesinato como primera referencia de la narración, acercan la novela a la estética del género policiaco, haciendo una sorprendente combinación entre los elementos ya dados –por el género, según el “modelo” propuesto por S.S. Van Dine en 1928[5]– y nuevos territorios, donde se integra el elemento amoroso a los diferentes relatos de cada personaje. Partiendo de esto, las perspectivas del osado lector se van diseminando página por página sin hallar un solo centro, legitimando la fuerza que lo atrapa y lo conduce por los laberintos de una narración fractal. La vida se construye de los fragmentos que constituyen nuestro propio medio histórico.

El nexo que se crea en forma de lenguaje entre la obra y el lector, está dado por el proceso comunicativo que llega a darse entre ambos, –texto-lector–. El lector interpela al texto mediante preguntas y obtiene posibles respuestas que lo acercan a la comprensión de la manifiesta experiencia de personajes aparentemente reales. Sin embargo, en la novela se revela una clara ruptura en el proceso comunicativo de la pareja principal. El sujeto femenino que habla no es escuchado, desencadenando la explosión de sus pasiones y una lucha interna de represión sexual. Acabando con la satisfacción de la comunicación entre los amantes. Pudiendo interpretarse que, el lenguaje de los personajes femeninos de la novela se construye como un reclamo a la escucha por parte de los personajes masculinos sin establecer un enfrentamiento machista o feminista, por el contrario intentando demostrar que es posible un equilibrio emocional en la pareja en tanto se logre un sistema comunicativo más allá del habla.

Tantos Juanes o la Venganza de la Sota, nos muestra en su narración las dos caras de la moneda, con relación a lo expuesto en líneas anteriores. Por un lado se cuenta la relación amorosa que se concreta entre José Esteban, el petejota que lleva las averiguaciones del supuesto crimen de Juanerma Orígenes Alemán García, y Milsa la periodista que comunica los pormenores del caso; desde que comienzan a entender que su trabajo en equipo agiliza la investigación y además les permite conocer el amor, superando las posturas que se asumen en los roles sociales que desempeñan y, en el caso de Milsa, definir su identidad sexual. Al mismo tiempo que se comienza a dar testimonio de la posibilidad de reconciliación entre los sexos distanciados. La otra cara, narra la frustrante vida de Juanerma Orígenes Alemán García, personaje principal, en compañía de Juan, el esposo impotente. Sin dejar de lado a Mileidi, compañera y única amiga de Juanerma. Mileidi es la viuda con los recuerdos de una vida conyugal plena, que asume la soledad como una etapa más que debe ser superada sin que disminuya su actividad sexual.

El texto que inicia la novela, en su forma epistolar dirigida a Juan, puede inferirse como un resume del final a que está orientada la narración, que no es otro sino la postura del sujeto femenino frente al amor, la pasión y las limitaciones del espectáculo sexual.

Es una cuestión de rostros, Juan, por eso el desamor, el rechazo. Me llenas sexualmente, me colman tus manos en su eterno viaje por mi cuerpo, mis entrañas. Pero el rostro Juan, no es el rostro, la mirada no es la mirada; la voz no es la voz, ni la palabra, la palabra. Tus facciones son perfectas, hermoso Juan pero tu rostro no es. Hay aserrín, demasiado aserrín en lo profundo del verbo. Fascinante cabellera, ojos fragantes, me has hecho feliz, cada noche, cada atardecer y no ha sido más porque mis energías fallan de colmadas. Sé que pudieras hacerme descubrir las peripecias más ocultas de las Geishas que te enseñaron la furia, la delicadeza, la lenta lentitud del que ama nunca apresurado, del que gusta saborear poco a poco con la lengua serpentina y eleva al séptimo cielo, directamente, sin antesala de querubines y serafines. Pero es una cuestión de rostros y tu rostro no es, perdóname[6]

El lenguaje, tanto oral como físico, representa la carga emocional más significativa del ser humano. El comunicarse revela la supremacía del poder de la palabra y con ella el poder de los sentidos expuestos a las sensaciones más extraordinarias que puede experimentar el cuerpo. El lenguaje es el camino que conduce a los cuerpos hacia el encuentro del placer sagrado, hacia la energía presente en el universo donde el cuerpo deja de ser carne y se vuelve palabra. “El Eros, es la que vincula al deseo y a su objeto, y el placer es la señal certera de su realización, el lenguaje es una de las manifestaciones más evidentes y universales del principio del placer…”[7]. De igual forma, el lenguaje del cuerpo y del placer necesitan de la escucha para poder realmente significar y no quedar en el vacío. El hombre necesita escucharse y ser escuchado para comprender y valorar el don del uso y entendimiento de la lengua. El cuerpo se escucha a través de los sentidos, pero se necesitan dos o más para lograrlo.

Toda la carga semántica del “necesitar” se ve expuesta en las cartas encontradas en el baúl del estudio de Juanerma, durante la investigación de su muerte. En su manifestación íntima y poética enfatiza la búsqueda de un poder supremo desde el interior negándose a satisfacer los instintos de la carne.

Juanerma Orígenes Alemán García, es un personaje con un perfil psicológico complejo, debido a una infancia particular con intensas fijaciones emocionales que la rodearon de desdicha al lado de sus figuras paternas. Tertuliana es la representación de la madre impositiva, dura, severa, amargada e infeliz por permanecer al lado de un hombre con múltiples enfermedades. El padre, hombre inutilizado y depresivo con un profundo amor por su hija, será la piedra angular influyente en las decisiones futuras de Juanerma en el plano amoroso.

De igual manera, La influencia del mito griego en los orígenes del nombre de Juanerma y su simbología, dan muestra de las sensaciones que se quieren manifestar en la narración “no todo el mundo se da el lujo de ostentar un Orígenes en su destino, hija. Los nombres no son cualquier cosa, eso es sagrado, es una invocación de las fuerza de la creación. No en vano los Pietros son piedras de tranca, y por algo tu madre es Tertuliana, mi cielo y tu padre, residuo de lo que fue Hermes”.[8] Los nombres forjan, en parte, la personalidad del individuo. “La magia del nombre, la invocación de los espíritus por medio de la pronunciación de sus nombres”[9], hacen del nombre Juanerma Orígenes, una fusión entre el misticismo de la religión, los mensajes de Hermes, el regreso a los orígenes por la plenitud del espíritu y la trascendencia, simbolizando el choque entre los designios de la tradición y la realidad amorosa, dándole a Juanerma la habilidad para llevar y traer la vida con tantos Juanes, utilizando el disfraz, la máscara, dejando de ser ella misma para convertirse en sombra, para envolverse en la superstición y la magia que se hacen presentes en el desdoblamiento del ser,“concepto primitivo del alma como dualidad –la persona y su sombra-aparecen en el hombre moderno como motivo del doble que por un lado asegura la inmortalidad y por el otro anuncia amenazadoramente su muerte”.[10]

Juanerma, en su negación al enamoramiento, experimenta consigo misma la resistencia a la entrega física frente al deseo y las pasiones, poniéndose a prueba con la unión a un hombre sexualmente impotente. Su proyecto de vida y sanación espiritual consiste en transformar toda la potencia orgásmica que nace en el idilio amoroso, en energía creadora inmortalizada en el arte, porque “…hay otro universo figurado, siempre que se enrosca en génesis hambrienta de salvia sabia, leche cálida que no es hombre solamente…”[11]. Sin embargo, el arte que Juanerma intenta perpetuar no está encaminado solamente a las corrientes del arte plástico, en los colores pasteles e intensos de la pintura que la distancian de los grises que ha pintado al lado de un hombre sumido en la impotencia, sino también en el arte de la seducción como juego de manipulación, que la transforman en un sujeto perverso que manifiesta una supervaloración de su capacidad de enamoramiento, observando las actitudes y posturas de otros sujetos en jergas “amorosas” dentro de la atmósfera de la nocturnidad, sus tendencias e inclinaciones en la balanza de los placeres sexuales. Todo con la finalidad de crear. “…La seducción es percibida –aún de manera inconsciente como una energía lumínica que estimula la producción…”[12]. Es así como nace la búsqueda de tantos Juanes, a partir de la búsqueda del yo interior, a partir del control de sus emociones.

Por medio de la escritura de sus cartas, Juanerma también experimenta el desahogo de la energía, certificando la posibilidad de una escritura intima, surgida de una profunda melancolía. Sus escritos describen la presencia de un imaginario múltiple que al mismo tiempo da sentido a la reconstrucción de la historia. Su cuerpo es ausencia mientras sus palabras son esencia tanto para el lector, como para las historias que se bifurcan.

En líneas anteriores se dijo que se percibe un agudo reclamo a la falta de escucha del personaje masculino que acompaña a Juanerma. Un reclamo dirigido a Juan, el marido impotente, los posibles amantes y el posible verdugo. En el sentido propio de las cartas, la variedad de Juanes expresa toda la distancia que media entre el ser amado y el ser otro, los personajes que se aman artificialmente se escapan deliberadamente de las manos de la autora para dar testimonio individual de sus formas de vida, subiendo el tono de complejidad de la obra. Precisamente a lo que María Luisa Lázzaro llama una posesión, por parte del personaje creador, para manejar a su antojo lo que debe decirse de él a medida que la escritura avanza, “Juanerma, se apoderó de mi escritura y en un juego de susurros me indicaba que debía escribirse y en qué forma”[13] .

Juanerma se muestra como la víctima del destino signado en sus orígenes, que muere de insatisfacción y resucita en la escritura. Su misión, capturar la energía creadora de la melancolía en el arte y padecer la soledad junto al padre sufrido que reencarna en el Juan de su realidad.

El mito se hace presente nuevamente en la pluralidad de sus mensajes. La verdad de los oráculos, frecuentemente mencionados en el texto, provocan la tragedia, la conmiseración y la cólera que más allá de la disputa entre la sexualidad, es el enfrentamiento de la palabra sembrada en el vació, no oída, no escuchada “algunas veces quisiera pedirte que habláramos; hablar (te)hasta agotar todos los granos de arena bajo mis pies y quedar (nos) completamente vacíos…o llenos, tan imposible ya: la esperanza se ha agotado, ni siquiera los oráculos interpretados erróneamente (algunas veces) sostiene…”[14]

La figura de Juan es la de un hombre fracasado, frustrado emocional y sexualmente. Dicho de otro modo es un “… sujeto que se siente perdido, sumido en su propio drama de abandonos…”[15], infeliz dentro de la cotidianidad de una relación fraternal que de forma indirecta, hace que la mujer permanezca a su lado, como ejemplo de un “amor” agradecido. En la representación del mito, Juan, según los estudios de Juan Gregorio Rodríguez, “es en hebreo una combinación de Yo (Yavé, Dios) y Hannam, es un nombre hermafrodita…lleva en si además de la popular, una profunda carga religiosa… (el Juan de la calle: nombre de la mata que cura los males de la próstata, glándula productora del líquido seminal)…[16], en los efectos de la narración es el sujeto aparentemente pasivo, distante, conforme por la compañía de su mujer, la víctima que genera lástima y que de manera sumisa demanda la atención del otro. Sin embargo, a partir del análisis del perfil psicológico de Juanerma, podemos observar en Juan un personaje modelo de la verosimilitud, un sujeto simulado.

Según Sarduy “Todo discurso tiene su reverso y sólo el desplazamiento oportuno del que escucha, del que, aparentemente ajeno o indiferente a su enunciación, redistribuye sus figuras –las retóricas del discurso, las emblemáticas de la imagen–, lo revelan…dirán al lector hacia donde desplazarse, al objeto de qué fantasma substituirse, con qué sitio del sujeto en el fantasma concluir”[17]. De este modo el discurso de la novela se acerca, a través de Juan y su multiplicación en Tantos Juanes, a la profundidad simulada del ser, a los espacios fingidos que se recorren, al artificio de la manipulación de la mente humana sin distinción de sexo que en su disimulación anula cualquier percepción de peligro, de poder excesivo, de dominio y control, de posesión sutil del ser otro que se vincula en las emociones más íntimas. Juan se convierte en la palabra misma, disfrazada, oculta en la textualidad. Desde el mismo principio de la narración, hombre – mujer, Juan y Juanerma son un sólo sujeto que se transforma en el vacío, castrado, solo, reprimido; un estado del cuerpo compuesto de simulación. Por eso la distancia, el encierro, la melancólica desolación. El propósito de mantener una desexualización del cuerpo, para convertirlo en un instrumento, en un objeto destinado únicamente a la producción de arte. Sin embargo para que esto sea posible, para que el espíritu sanado de deseo alcance la gloria y el placer espiritual, el cuerpo debe morir, el instinto animal, humano, debe desaparecer.

Juanerma asume la muerte como la vía de salvación, y aunque no sea explícito en la narración, podemos intuir que esa otra mitad distanciada y sumisa que es Juan pudo haber sido el autor del sacrificio físico. De esta forma la trascendencia de la historia, de la palabra hecha lenguaje, hecha voz queda en manos del lector-actor que reviste a cada página de lectura con un sentido nuevo. “Señor de la palabra y el lienzo, autor de hermosas frases sin firma ni destinatario, quién eres, qué dioses te han encomendado el oficio de torcerle destino sereno y lento. Se rebela ahora la muerte sensitiva de la carne que envuelve torbellino y hace rodar…sin envejecer la palabra…”[18]

De esto se trata la obra de Lázzaro, de la inmortalización de la palabra, de la cultura en el individuo que habla de su cotidianidad, de cómo encajan los mundos de la realidad y la ficción en una narración que se revela, en un estilo original al tiempo en que es escrita. La libertad de la lengua y la diversidad de los recursos literarios que liberan la palabra del mero proceso comunicativo, yendo más allá los bordes, de lo que suponemos. Hasta el final del texto donde nos damos cuenta que todo es una treta de Lázzaro para hacernos saber que su función fue traducir la obra Bohemia y seducción, un caso esotérico de Juanerma Orígenes Alemán García. Otro elemento de ficción capaz de desequilibrar el sentido que se presupone al comienzo de la novela, brindándole al lector la posibilidad de transformarse en un incasable narrador de sus mundos paralelos, asumiéndose como un personaje que transgrede, que irrumpe en el sentido y es capaz de manipular, lo escrito, interpretarlo, cambiarlo, adornarlo o desfigurarlo a su antojo.

No es difícil entonces, comprender que la escritura conduce a espacios propios y extraños, pues el imaginario del escritor es capaz de transformarlos y crear mundos paralelos a las supuestas realidades que nos envuelven. Si pensamos en esto, veremos aparecer, dentro de la semejanza, la diferencia.

Bibliografía

Directa:

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Teórica y Crítica:

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[1] Hans Georg Gadamer. “Análisis de la Conciencia de la Historia Efectual”.En: Verdad y Método. 6ta. Edic. Salamanca. Ediciones Sígueme, 2004.

[2] Hans Georg Gadamer. “¿Qué debe saber el lector?”. En: Poema y Diálogo. Barcelona. Editorial Gedisa, 1990. Pp. 100-106.

[3] María Luisa Lázzaro. Tantos Juanes o la Venganza de la Sota. Caracas. Planeta Andina. 1993. 156 P.

[4] Álvaro Pineda Botero. Teoría de la Novela. Bogotá. Plaza y Janés, 1987. p. 154

[5] A. del Monte. Breve Historia de la novela policíaca. TOMADO DE: Víctor Bravo. Los poderes de la ficción. Caracas. Monte Ávila Editores, 1987. p. 133.

[6] María Luisa Lázzaro. Op Cit. p. 11.

[7] Ivonne Bordelois. La palabra amenazada. Caracas. Monte Ávila Editores, 2004. p. 3.

[8] María Luisa Lázzaro.Op Cit. p. 88.

[9] Otto Rank. El Doble. Buenos Aires. Edic. Orión, 1976. p. 92

[10] Ibid. Pp. 18-19.

[11] María Luisa Lázzaro. Op.Cit. p. 105.

[12] Ibid. p. 152

[13] Conversación con María Luisa Lázzaro. Mérida 26 de noviembre de 2005.

[14] María Luisa Lázzaro. Op Cit. p. 33

[15] Enrique Plata Ramírez. Al Acecho de la Postmodernidad: El Caribe cuenta y canta. Mérida. Universidad de los Andes. Fondo de Publicaciones de APULA, 2004. p. 131.

[16] Juan Gregorio Rodríguez. La Búsqueda Mística a través del Erotismo. Ensayo. Universidad del Zulia. Maracaibo, 1993.

[17] Severo Sarduy. La Simulación. Caracas. Monte Ávila Editores, 1982.p. 26.

[18] María Luisa Lázzaro.Op Cit. p.105.