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FUEGO DE TIERRA
(1981)

 

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PARA COMENZAR A VIVIR
Quién que algunas veces se levanta acallando la veracidad cotidiana. De igual ifgura, diferente sombra. Fuerte y no sabe mentir.
Tiene acerada la mirada. Es dulce pero no sonríe. Surge del dolor de la tristeza. Y no habla. En silencio dispone las frases y describe regiones profundas en mapas de agua, fuego, tierra.
Y no la entiendo. Ellos tampoco. Sabe que me asombra. No le basta. Quiere que me funda en su fuego para comenzar a vivir.


NO HAY SUSTANCIA
No hay sustancia algunos días para formar el laberinto de dilemas.
No hay tristeza. No hay melancolía. No hay ese grito intenso que sacude la memoria. Y hace llover, hablar, gritar.
Son esos días apacibles en que la serenidad está en equilibrio con el cosmos. No hay sosiego que buscar. Es como el devenir, el otro lado de la muerte.


REGRESO AL FUEGO
Estoy fastidiada. Quiero regresar a mi tumba, bajo las aguas turbias.
No soporto la sonrisa ingenua ante los que comenzaron a poblar esta tierra cuando era árida. Y los que tiran de mi falda y me besan.
Tengo el oro que brilla, el cristal que resplandece, el amor que se condensa en todas las gotas de agua. Tengo el mundo a mis pies, suplicante.
Aún así, quiero regresar a mi losa fría y al rostro consumido. Volver a la simbiosis con las algas, vivir de ellashasta agotarlas.


VUELTA A LA TIERRA
Volver al primer parto, quedarme desnuda, dormida en la falda de la Tierra. Bañarme de fuego, cambiar de piel a menudo. Volver a la esfera que el hombre fecunda. Y regresar a la estrella del gen presentido.
Abandonar el plácido sueño. Vivir el diluvio. Caer lentamente mientras los ojos suben a cerrar las ventanas.
Despertar sudada. Las piernas entumecidas, calcinados los huesos.


LATIDO HUMANO
Entonces podré sentir que soy humana. Tendré qué contar a los que nunca escucharon. Dirán que soy grande porque grande es el tormento.
Podré contar mis viajes a fantásticas ciudades aplastadas por olas que lamen fuego. Mis fatigas de correr con el vestido en la mano. Los ojos multiplicados en cuentas de collar sobre los hombros. Mientras un rostro de siete cabezas me sigue. Me llama madre.
Mis noches dormidas sobre babosas cobijas, las conversaciones con los huesos que se levantan al mismo tiempo que la tierra y la neblina.
Y aquella noche, en que el auto se hundía en una zanja de lodo. A través de la ventanilla veía cómo se estacionaba en un fondo de mar. Yo elegía entre la falta de aire y el exceso de sal.


EL ARMISTICIO Y LA LID

Este que ama la guerra y la paz. En la austeridad engendra la forma que despierta del sonido de la lluvia y del río de flores de agua.
En el ensueño turbulento de las horas corre un niño que nunca duerme. Sueña con las patas de un elefante atropellando su barriga.
Cuando el mundo lo ocupa muere como una planta sin aire. Un par de zapatos los trueca por una alfombra que arde.
Este que ama la devoción de la trascendencia de la vida y de la muerte. Y los aplausos. Los gritos de los adeptos en la euforia del rito.


LABILIDAD
Ya casi veo la multitud de ifeles arrodillados en la playa. Yo en la tarima de nubes. Hablando de la labilidad del hombre que escribe la búsqueda de la tranquilidad en las pisadas. Necesidad de no adelgazar la voz del nuevo brote.
Un poco más allá, en la calle de ozono, mi cuerpo agachado. La lengua extendida solicita una fuente donde dejar la hiel.


LA ESPERA
Ella vendrá en lo más callado de una noche, a sorprenderme junto a la muda fuente.
José Antonio Ramos Sucre
Vino a contratar mi cuerpo. Me propuso muchos viajes a partir de un simple sueño. Decidí la espera hasta vivir la violencia del mar levitado y el fuego que se desliza de la erosión de las deshabitadas montañas.
Se colmarán los ríos, se cubrirán los valles. Una lengua de lava subirá por los zapatos del hombre. Colmenas de hormigas y hambre.


QUIERO RECONCILIARME CONTIGO

La primavera está llena de colores, el campo verde y húmedo me atrapa en su encantamiento. Hay fiestas en los pueblos vecinos. Todos bailan. Extienden los cuerpos de sonrisas dormidas. Me halagan con exquisitos frutos. Saben que intuyo lo efímero de la naturaleza salvadora. En medio de tanta primavera los ojos sólo quieren ver las hojas que crujen. Se desmoronan entre los nerviosos dedos del tiempo.
He sospechado el amor a la desolación de muerte que se tiene que afrontar como tributo de soledad. Tú estabas esperando, sabías que no soportaría el dolor físico de la tierra rozagante. Aturde el espacio interior, recíbeme de nuevo en tu casa. Olvida el día de entusiasmo, fogosidad sentimental, cuando devolví la memoria que me habías prestado.

Y me reí de ti. ¡Hasta nunca! Ve en busca de otro cadáver. ¡Mira mi piel, palpitante! No me busques, aléjate de mi primavera. Y dejé de a ser buena, dejé de hablar conmigo. Comencé entender al mundo. Olvidé reconocerme. Cuando me vi tan extraña en la risa de la gente recordé tus brazos. Hablábamos de cadáveres que braceaban en alcohol y trementina. Comprendí que era ella que llegaba. Recordé tus palabras del naufragio anterior: Vendrá a ti como un velo azul transparente, para el gran sosiego.

Quiero reconciliarme contigo soledad. Tu pala-y bra fragua mis fantasías, rescata mi tiempo cordura. Quiero fundirme en ti deifnitivamente, como se evapora el agua que el fuego abrasa.


EL SECRETO DE LA EXISTENCIA
El secreto de la existencia seva haciendo lámpara que difumina sombras, diluye sentimientos. La paz del mullido sillón y las certezas del encuentro se alteran. Se desprende el rótulo aclamado. No se observa otra forma que el desierto.

A mitad de jornada la ropa se ha desgajado junto a la carne desprendida. Las huellas se han perdido de la cercana visión. No sorprende el dolor ni los sentimientos que vuelven. Una voz, su río en hermetismo le habla.

Cuando hayas desandado la mitad del tiempo de vigilia debes detenerte en las huellas. Toma un pedazo de la tela desgajada junto a la carne desprendida, siéntate a la sombra del árbol más anciano. Comenzarán a fluir otros sentidos. Si una lágrima desciende y estremece el cuerpo en lástima, entonces échate y descansa. Un nuevo tiempo volverá a llamarte.

Si miras como lejos un punto en perspectiva que se pierde de la razón, sin trazos de tela y carne, vuela como gacela. Balancéate en el filo de todos los abismos, ríete de la muerte. Llámala. ¡Madre! ¡Madre!
Y cuando venga, con su traje de sombra y su velo de noche, pídele el secreto de larga existencia.