Inés de Cuevas

Nació en Guaraque-Mérida, Venezuela, 1941, prolija autora de Literatura Infantil, también escribe poesía para adultos. Docente por más de treinta años. Se ha desempeñado como profesora de Lengua y Literatura, facilitadora de Cursos, Seminarios y Talleres de Literatura Infantil para docentes y estudiantes de Pre y Post Grado en Literatura y Lectoescritura, tanto en el Ministerio de Educación Nacional como en la Universidad de Los Andes (Táchira).

Cofundadora y Coordinadora de la Revista infantil y juvenil Jugar y saber, del Consejo de Publicaciones de la Universidad de Los Andes (1985). Cofundadora Coordinadora del Periódico infantil: COTUFA del Área de Literatura Infantil y Juvenil del Instituto de Investigaciones Literarias “Gonzalo Picón Febres” de la ULA (1989). Directora fundadora de la Página infantil: Con los niños, del Diario Frontera, de Mérida (desde 1992). Finalista del Concurso de Poesía “Verano Encantado” del Centro de Estudios Poéticos de Madrid (España), con el trabajo para adultos: Me gusta... (2002).

Contacto: inesdecuevas@yahoo.com

OBRA LITERARIA:
Cuentos: Copito de algodón (1981), Ratón desobediente (1988) y La mariposa viajera (1985). Poemarios:Sueños infantiles (1984), De ronda en un papagayo, (1987), Tejamos rondas, atemos risas (1996), Algarabía de risas (2007); Investigaciones: Los viveros literarios. Espacios para la lectura en la escuela (1999) y “Consideraciones generales referidas a mi campo experiencial sobre la lectoescritura en la escuela básica venezolana” (1985). Tiene inéditos varios libros de narrativa y poesía para adultos, entre ellos Réquiem por las últimas horas.

 

Poemas en voz

Una Bruja embrujada

Era una bruja con desparpajo
que usaba guantes de renacuajo.

Tomaba té con mermelada
y comía galletas muy bien tostadas.

Por las mañanas leía los diarios
y tempranito se iba al trabajo.

No usaba escobas ni altos sombreros,
sino autos caros, buenos pañuelos
y zapatillas de fino cuero,
cerros de trajes, pieles y abrigos
que no cubrieran su hermoso ombligo.

Tenía corceles, grandes mansiones,
con trenes, yates y seis aviones.
Casas de cambio tuvo a montones
y en cada Banco diez mil acciones.

Cincuenta haciendas de buen ganado
vacas de ordeño en los pastizales
y largas cuadras de platanales.

Nunca sabía de hechizos malos.
No hacía la magia… Ningún brebajo.

Y a los apuestos chicos del barrio
los imantaba de arriba a abajo…

Todas las noches
Iba a las tascas y discotecas
fumando puros de alta etiqueta.

Y en cada fiesta
–la astuta bruja–

bebía su whisky de data añeja.

Esta brujilla tan embrujada
que de hacendosa no tenía nada,
tuvo al servicio de sus poderes
treinta mujeres que eran esclavas:
fregaban pisos, lavaban baños
y hacían las camas,
mientras brujilda, feliz roncaba.