LOS NIÑOS LAS NIÑAS
¿ESTÁN ESTAMOS?
 
     
 

 

I

Ellos,
nosotras las niñas,
los niños,
crecidos...

Están
estamos
cansados, cansadas,
de tanto caracolito
que vive en su casa pequeña
soñando
tortugas,
lombrices;
hormigas que llevan
crucecitas de césped
regadas con dulces y helados;
hojas frescas de lechuga
recién cosechadas;
frijoles que hablan
de aventuras fantaseadas
en la clase de lengua
y mentón y mejillas,
y dientes que son permutados
por monedas necesarias
para los álbumes.
¿Cansados?

Cansados de tantos barcos
que se lleva la lluvia
empozada entre las orillas
de las calles de papel.

Ya no más ositos de peluche,
ni gatos que maúllan palabrotas;
ni muñecas que dicen: ¡Pipí, pipí!
Ni locomotoras que hacen:

 

¡Pu, pú, pu pú!

Que no se les ocurra
borronear cuartillas con árboles de frutas
que dialogan entre sí...

Ni que una viejita siempre es la brujita,
y que un señor buenmozo
es siempre el ganador.

Que penalicen a las maestras
cuando al final del cuento
nos pregunten:
¿cuál es la moraleja?

Que no nos engañen
con historias chuecas
que parecen lecciones
de comportamiento en las escuelas.

Nada de rimas cuadradas
ni cancioncita para sueño.

Es como si fuéramos nenes
con chupón entre los dientes
y un pedacito de pan por cabeza,
que no entiende.

Es que...
el auto de mi papá se apagó
en pleno viaje a la escuela,
se le mojaron los frenos,
o se le acabó la batería;
tal vez fue el alternador,
o la liga de frenos...

El sol no quiso salir
a calentar los huesos,
mamá se desacomodó un tobillo,
a la abuela le sacaron casi todos los dientes,
los vecinos pusieron quejas
de ladridos de perros.

Mi tarea no estuvo lista
por culpa de mi descuido...

Y ya, cuando estuvo en forma,
no pude ir a la escuela,
esperando una grúa
debe haber llegado el recreo
y después la salida,
y otra vez de vuelta
al tobillo, a los dientes
y los ladridos.

Y en los cuentos y poemas,
los duendes y las hadas cantan
un perfume de jazmines hechizados.

Hay un Jefe Civil vestido de grillo
que persigue la venta de ovejas sin lana.

Yo tengo un suéter tejido
con estambre de cordero.

¡Qué pena...!
Por el tejido han quedado desnudos
los corderos y las ovejas.

De seguro
con alguna historia inventada
pasa rápido el tiempo...
y las pieles se llenan de hebras.

 

II

El agua, en los poemas
hace caminos entre los dedos,
es llovizna y granizos cálidos...

No es la misma que hace mucho
no llega al tomadero de la escuela.

Es bueno que Don Ratón
converse con Don León y hagan las paces;

y que el Señor Cangrejo
defienda, su casa, del Oso hormigón,
trazando un camino hacia el fondo del mar,
donde las Sirenas, Señoras Cangrejas,
darán la batalla
con varitas mágicas en el caparazón.

Pero... hoy la lluvia
acabó con los arbolitos
que sembramos en la escuela.

El año pasado tampoco se dieron,
no había agua que humedeciera la tierra.

 

III

En mi grado leyeron
“Las cinco águilas blancas”,
tradición indígena
de Tulio Febres Cordero.

No fue fácil entender
eso de la cinco águilas
en el azul del firmamento,
que sacudieron las alas
sobre cada uno de los riscos
de la Cordillera Andina que nos toca.

Cayó mucha nieve de cada alón mágico
quedando petrificadas las águilas.

Yo me pregunté, la primera vez:
¿Y sí se levantan las aves?
¿Y sí se posan en el techo de mi casa,
o sobre el auto de mis padres?

Los niños de antes,
que ahora son mayores,
cuentan las nevadas
como si fuera un poema,
o alguna historia fantástica.

 

Ahora, es tan poquita la nieve,
tan desnudos los Picos,
vestidos de piedras sólidas.

De vez en cuando alguien grita:
¡Está nevando, está nevando!

Y todos corremos sin cansarnos
de mirar tanta blancura de águila
resplandeciente sobre los Picos.

El viento se hace fresco,
tan frío, que hay que buscar
las ruanas y los paraguas.

También los riscos cuentan
del perfil de dos indios acostados
en las cimas de dos montañas;
que de tanto frío se congelaron.

Cuando se fueron las aguas,
las montañas se apartaron,
hacia el Norte quedó la India
con sus manos enlazadas.

Hacia el Sur reposa el Indio
congelado en la piedra.

Ojalá nunca despierten,
porque si se abrazan
como cuando estaban vivos,
la luna perderá el reloj del tiempo nuevo;
el sol se quedará dormido
del otro lado de los mares.

No sabremos si es domingo,
o es día de ir a la escuela,

Un largo sueño nos vestirá de águila...
después seremos un risco nuevo
helado y blanco.

 

 

 

 

 

 

 
 
 
 
       
       
 

INDEX - MENÚ PRINCIPAL - SENDERO LITERARIO - POESÍANARRATIVA - LITERATURA INFANTIL - LITERATURA JUVENIL
POEMAS EN VOZ
- ENSAYOS - POEMAS MUSICALIZADOS - GALERÍA - LIBROS - RINCÓN DE AMIGOS - SITIOS DE INTERÉS
LIBRO DE VISITAS