Nanas a mi hombre para que no se duerma
Poemario
(1996-1998)

Primer Premio de Poesía 2003
Seccional Profesores Jubilados APULA
Universidad de los Andes

 

   

Adán

porque
se nos permita
nacer
en el mismo pueblo,
casi el mismo año,
en la misma cuadra,
la misma escuela;
en el mismo norte
las miradas.

Con el mismo agujero ígneo
en el centro
de todos los centros
de la razón

Eva

 

 

HOMBRE MÍO

Doscientos mil años espero,
la mano en cauce,
conducirte,
conducirme.

Distintos ropajes
en la piel.

Tules,
tafetanes en vuelos. 

Mil formas
de lazos y cintas,
encajes y terciopelos.

Dormida
despierta aguardo.

 

TOCA MI AROMA

Bosque de azucenas,
jazmines
y violetas casi negras.

Trinos y cantos
de ángeles,
pájaros que revuelan
desde el corazón
encendido.

Caballos que relinchan
con fruición.

 

LLAMO TÍMIDAMENTE

A gritos la mirada
entre nubes
de hojarascas.

La casa no espera,
siempre                                                                    
deshabitada,
oscura.

 

DESPIERTA HOMBRE

Los abetos
tiemblan como gozo
descubrirte,
tendido,
adormilado,
soñando,

soñándome.

 

OTRAS GLADIOLAS

Blancas
vibran y cantan.

Tú,
buscas
por otros bosques
sin mi aroma
de naranjas tiernas.

 

RECONÓCEME

Soy ese hueso
de carne de piel 
que nos fue arrancado
para deformarnos,
cimbrar
tu piel en mi piel,
aclarar
nuestra rosedad
de cinta escarlata.

 

VEN

  Esposo  
 
  amigo  
 
 
  amante.  
 

Acucioso descúbreme
para el éxtasis.

Soy la sirena
que canta en sordina.

Soy el violín
que a lo lejos
rasga el silencio.

 

NO ES FÁCIL

Reproducir
el paraíso
que perdimos.

Cuerpos desabrazados,
para vagar
tú por mí,
yo indagándote
en otros jardines
vacíos de manzanas.

 

APURA EL PASO

Regresa la arandela
que rueda
infinita.

La piel ya no soporta 
este médano cambiante.

Aún está fresca
la rosa de agua
que sembramos
en lugar del manzano.

 

MANIFIÉSTATE

Ostra de perlas,
ángel de guarda y reposo,
y ansiedades.

 

VEN

Abraza mi opacidad, 
bríllame,
enlázate.

Como aquella vez,
aquel ciclo africano,
cuando fuimos árbol,
adheridos
raíz a raíz.

Tierra mixturada,
indistinguibles,
inseparables.

Agua de mar agua de río,
fuego de tierra,
de agua;
fuego de viento,
de árbol.
Desembocadura
para la fundición
del Adán y la Eva.

 

PRECISOS LOS INSTANTES

El parpadear de días
inextinguibles.

Abre los ojos
que palpitan
en cada mano.

Mira el temblor,
el ademán
de llegarte palabra,
a medio camino
de un espejo
considerado.

 

ESCASA LA DISTANCIA

Para los aromas
que nos unen
todavía.

Escucha la melodía
del amanecer
con la que te voy rozando
celeste,
como brisa de mar.

 

INTÚYEME BARCAROLA

Partir a tu adentro
de hombre impetuoso.

Hay espacios,
tiempos,
donde pierdes
mi ambrosía
por raíz amarga
que te desconcentra
dulce.

 

CONJURAR

Nacer
en el mismo pueblo,
casi el mismo año,
en la misma cuadra,
la misma escuela;
en el mismo norte las miradas.

Con el mismo agujero
ígneo
en el centro
de todos los centros
de la razón.

 

AMADO

Es mi danza y tu danza.

No me obligues
a un nuevo ciclo
de morir.

Rehacernos
desde el comienzo.
Volver a armarte
paso a paso,
seguirnos en silencio
por cada pueblo
donde nacemos.

Viéndote lejos...
niño,
hombre,
anciano.

Otra vez pequeño,
otra vez hombre,
longevo,
amante.

 

DISTÍNGUEME A TU LADO

Soy esa violeta gris
que de tan cerca
no se nota
el amarillear de hojas.

Sin lluvia tuya
que verdee,
como en los primeros tiempos
de parras y olmos.

 

NO TE LLAMO

No te miro...
Tengo órdenes ancestrales
de esperar tu saeta
partir en dos el fuego.

Rayo armonioso,
lugar exacto
del cuerpo casa.

 

DESPIERTA CON MI CANTO

No dejes que mi voz
se pierda
entre los sudarios grises.

Mi piel
espera dialogarte,
canta suave.

Y tú... duermes.

 

SOY LA ÚNICA RAMA

Que pende de tu sueño
más antiguo.

¿No ves el verde?

¿No percibes...
el batir de frondas
cuando estremece el hálito
del canto.

El aroma fuerte
de sándalo
y jazmín,
la dama de noche
con que me impregnan
otros árboles lejanos
que me claman.

 

¿NO TEMES?

Que cambien
las leyes del designio,

y la desmemoria
llegue definitivamente,
sin el mismo verde.

 

NO NOS DESGAJEMOS

Cuerpos,
frondas
silenciosas.

Mi suelo ni siquiera cruje.
Verdea de gozo.

 

SIÉNTEME

Estoy sentada
rozándote bálsamo.

Mi ser se adosa a tu dermis, 
gritan las células,
las partículas.

Convulsionan
las estrellas
cerebrales,
pensándote.

 

ESTÁS CONMIGO

No lo sabes.

No sientes
el crepitar de átomos
que se saludan
arrobados.

Te contemplo
y no lo notas siquiera.

Duermes
mientras te colisiono
cuerpo sideral humano.

Y no me adviertes.

 

SOY TU ESPOSA

En este ciclo
me percibes extraña.
Sigues azaroso.

Dormitas
abrazando otras historias
que no sirven
para abrirnos las ventanas.

Te sigo por caminos
cartográficos.

Tú adormeces mi fe.

 

ACÚNATE EN MI SENO

Fúndete en mí.

Hazte roca de mi tierra,
grama de mi jardín,

palabra y saliva
de mi boca tuya,

abierta,
llamándote
badajo de campana.

 

ESPÁRCETE

Sobre mi piel...
generoso.

Confiéreme
instantes de espesura,
madrigales...

Mírame,      
pídeme con tu boca el infinito,
toma con determinación
mis potestades,
permanece tu mano
sobre la punta
de mi herida más callada;
como la tierra a la esperanza.

Enrojéceme, hombre,
comprime las sedas,
arrúgalas;
quítales el blanco y el brillo.

Que no se perciba
el recorrido de otros hilos.

Tus manos suaves...

 

NO MIRO TUS PUPILAS

Es cierto.

Desde la intimidad
de mis tegumentos
me entierro en ti.

Me introduzco
por ese pasadizo cálido...

Tu corazón sondea mis latidos.

Sé que tu arteria se inflama,
se expande
pensándome.

 

NO TE QUEDES EN LA ORILLA

De mis lirios.

Bebe mis licores,
entra en mi tierra,
abre surcos, siémbrala.

Están por comenzar
mis lluvias.

No te alejes
hacia cualquier Mediterráneo
a bañarte de sirenas
que no te han sido
encomendadas.

Estoy en el Caribe,
aguardándote.

 

PALPA

Mis pináculos húmedos,
mis pinceles que circulan
convocándote,
hueso,
carne,
fragancia.

El granjero hace rato
dejó su huella
en nuestra casa antigua.                                         

El sol golpeó la ventana
anunciándose.

No vuelvas a partir
a los silencios,
llevándote la claridad
de nuestro bosque.

 

¿SERÁS CAPAZ?

Soslayar mi cuerpo
y el crepitar
de alas ventisqueras
que arquearon
tus dominios.

 

HOMBRE ÁNIMA

Palabra y bebedizo.
No llegues tarde; la leña
ya está encendida.

Sopla fuerte el viento,
no hay suficiente fuego
para tantos días
en  expectativas.

 

HOMBRE RÁFAGA

Fuego...

Este olor
a pomarrosa fresca
que no te llega.

Este jugo de ciruelas
que gotea dulce
y no se te hace fuego
la boca.

No corres incendio
hacia mi refugio
de agua.

 

ME LLEVAS

Como una alhaja
sin peso,
en la muñeca.

Te bañas de azufre,
te asoleas infrarrojo,
y no sientes
el sol de mi vientre.

Duermes
en la cámara secreta
de mi cuerpo...
con las piernas como candados.

Yo permanezco liviana
sin sonidos de aldabas,
convocando.
Ningún zumbido
vibrándote.

 

JUGUEMOS

Entre el cielo  y la tierra, 
sosteniéndonos.

No te quedes dormido
en los asientos,
ni  en los portales

de la casa
que te aguarda.

 

ABÁRCAME

Reposa en el regazo
de mi tálamo.

Entra y palpita
como en aquellos tiempos
cuando éramos un sólo
regocijo.

El mismo rincón
del zaguán,
nos guarda la esperanza.

El mismo éter,
respirando.

 

REVÉLATE

Grandioso.

Es la hora.
El agua está tibia.

Derramada
hace espuma
buscándote los trazos.

 

SIGUES CABECEANDO

Frente a las pantallas.

Pasas de largo las noches
perdiendo mis vestigios
abundantes.

¿No sientes
la tristeza
del amanecer
sin pájaros?

Mi fuego
llamarada y alarido
no te alcanza sonido.

 

DELICIA DE NUECES

Absórbela con los ojos,
sin vendajes.

Pálpala suave
y largo.

Siente la textura
del remanso que forma.

Abre tu boca,
avívate.

No te levantes de la mesa
sin comer.

 

NO TE QUEDES

En el lecho,
dormido.

He preparado
un bienmesabe
cuerpo.

Susténtate
nutriéndome.

 

CREÍ PERCIBIR

Tu vaho cálido en mi cuello
y no era tu boca.

Aún duermes.

Tiemblo no sea tuyo
el movimiento telúrico
que estremece
la bifurcación
de mis ríos.

 

ESPÉJATE MÍO

Anima de nuevo
la vibración,
deslúmbrame.

Campea el bronce
de la iglesia: tu casa
vientre.
Siente el gemido
de la gaviota,
planea bajo,
escrutándote
agua de mar
en la hamaca.

Vuelas distraído,
rasando mi océano;
mis olas alebrestadas.

 

DESHOJA MIS CLAVELES

Antes que caigan en tierra infértil.

Ármalos con tu humor
y tu miel.

Pronto llegará la tarde.

El sol se enterrará
en otro horizonte,
distinto al que te recuerda.

Riega tu vino dulce,
la melaza
de frutas
y lisonjas.
Cólmame.

 

QUÍTAME ESTA SENSACIÓN

Muchos vestidos
me ocultan.

Mírame cofre cristalino,
rodeada de duendes.
Atiende la velada
tristeza. 

Ojos a punto
de claudicar.

No quiero seguir
manzana genética,
vientre de madre
sin voz,
sin lámpara que encuentre
eco,
único,
tuyo.

 

REMEMORA CONMIGO

Las andanzas samaritas,
los velos de Salomé,
la ceguera del Bautista;
la lírica darí cuando éramos persas;
los landays  pastú.

El velo me cubría
la boca ávida
que intuías desde lejos,
abierta,
llamándote.

 

REGRESA DE LAS GUERRAS

Cambia la venganza de las granadas
por mis pechos
montañas verdes y firmes;
sin erosiones que te lancen
a la deriva beligerante.

No dejes
que me vuelvan a vender
esclava.

No permitas
que me entreguen a los ancianos
para ser usada:
trasto silencioso.

Vocerío de hombres
que sólo piensan combatir.

 

RESCÁTAME

Las cenizas están a punto
de hacerse de mi cuerpo.

Llévame a otros espacios,
sácame de tantas piedras
amenazantes
sobre los oídos del amor.

No quiero volver a morir,
en el mismo paisaje agreste,
de guerras y lapidaciones.

 

PARECIERA

Prefieres las batallas
que defender
nuestros cuerpos
disfrutándonos.

No regreses otra vez
perforado
de enemigos.
La venganza
puede ser más fuerte
que mi boca
ávida.

Ya no quiero seguir
cargando este cántaro
para que me descubras,
y me sigas hasta el huerto...
recordándome.

Mi corazón
siempre me anuncia
tu presencia.

Tú necesitas
señales más precisas.

Distraes la búsqueda
siguiendo cualquier cántaro.

 

AGUDIZA LA FE

Ya no pregones
tu agnosticismo.

Cree en mí.
Aún te espero.
Mi cuerpo vibra igual.

Soy tu brío,
tu arrojo amoroso.

Existo
soy carne y plasma.
Circulando te espero.

 

UNTA MI CUERPO

Humedad
de lluvia mágica.

Bautízame en
tu boca.

 

COMO EL OLVIDO

El amor
viene y  se extingue,
caballos, ríos,

No galopes  con la muerte.
No cierres los cofres,
la espera,
la vida.

 

¿EVOCAS?

Cuando mi hombro
era tu hombro místico.

Cuándo
reencarnamos
hermafrodita.

Esa placidez de ser uno
en la unidad del cosmos.
Y aquellos cantos gregorianos,
entonados en la cofradía,
cuando éramos congregantes.

Nos amamos
retumbando sensaciones
imposibles  de palpar.

No había necesidad
de unir los cuerpos,
ni rozar nuestras manos.

Bastaba mirarnos.

 

¿TE RECUERDAS ESTAMBRE?

Espora cuando yo era pistilo,
o esporangio.

Pedúnculo cerrado
aguardaba los vientos
que traían la antera con tu polen.

Tú buscabas mis estigmas,
mis carpelos.

Sabías reconocerlos,
entre enmarañados
bosques de azucenas.

 

POLINÍZAME DE NUEVO

Nuestra inflorescencia
en umbela
nos espera.

Encímate a mis pistilos,
cúbreme,
lléname.

Quiero florecer 
como aquel alelí del paraíso
que me hiciste,
en aquellos tiempos
cuando no había pisadas
en los suelos

y podíamos crecer higos,
damascos, manzanas;
a nuestra imagen y semejanza.

 

NOS UNÍAMOS

Filamento a filamento,
estambre y estilo.

Mi gineceo muere cada mañana,
necesita volver a verticilo;
florecer.

Ven, polvillo amarillo,
el viento cómplice
nos mezcla,
tulipán a tulipán.

 

ME OFRENDO EN TU OFRENDA

Huele mi aroma
despacio,
abre los ojos y mírame
profundo;
tanto
que se comience a hornear
mi carne blanca
y se dore
en tus sonidos
acústicos.

Mis licores dulces
de nueces
y dátiles
saboréalos.

 

MI STRADIVARIUS

Reconstruye
nuestra danza.

Tu clavija tensa mis cuerdas,
extrae las notas,
el diapasón preciso y exacto.

Escucha, escúchame,
soy la sirena
melodiosa
que se levanta de tus olas;
y estremece
cantando.

 

TRÁGAME BALLENA DENTADA

No permitas que huya
violeta lívida.

Estruja con ternura
mis pétalos
en tus manos tibias.

Macérame en tu vino,
bebe mi aroma
intenso.

Broncéame la carne
demasiado blanca.

No permitas que el miedo
detenga tu ímpetu
de hombre.

 

INDUCE MI VOZ

Más cálida,
instiga mis piernas,
transmuta mi paso vacilante,
cambia mi ruta.
Cierra todas las avenidas,
abre las casas
donde me quedo dormida.

Estrecha
todos los pasadizos,
encuentra mi cofre,
ábrelo,
bebe las esencias,
tómame.

No dejes
que me desvanezca
violeta pálida.

 

DANCEMOS

Nuestras manos,
como
aquella vez
de unicornios
deslizándonos.

 

¿RECUERDAS AQUELLA VEZ?

Aquél siglo,
de cuerpos
no enlazados. 

Aún así,
blandían ojos
plácidos,
intensos.

Entre actos del morir
andábamos.
Tú en la luz,
yo en las sombras.

El adagio penante
nos adormecía
la muerte.

Un alegre minueto
nos regresó
a la vida.

 

FUIMOS ÁTOMOS

Después,
aire sin cadencia
humana,
sin ritmo cardíaco.

Hasta volver a vestirnos
para la danza
y las manos.

 

EMPEZAR NIÑOS

Recordar cada noche
coherencias
de hombros
que se juntan.

Sin saber de dónde
las reminiscencias.

Eres el único que conoce
el lugar preciso
de las notas de mi violonchelo.

Te cuesta rememorar.
Por eso me buscas.

Te observo
inhabitable.

 

NO BUSCAS EL VIOLONCHELO

No lo tomas en tus manos
prodigiosas
para los acordes míos.

No te extasías
en los sonidos
místicos.

Solo,
entre la euforia
y los lamentos.

Suéñame real,
amado,
arquéame la espalda.

Permite que gima
arco del violín.

 

CADA NOCHE

Froto mis pies
con piedras del paraíso,
esperándote.

Y con hojas brillantes
de mango
hago infusiones y esencias.
Me baño
aguardándote.

 

HAS  SIDO HIJO

Padre,
hermano.

Lienzo para mis manos
artistas.

Soliloquio para mi psiquis,
enredadera de mi jardín
interior.

Recorrimos
todas las religiones,
los senderos,
las devociones
y cultos.

 

HEMOS SIDO TAHÚRES

De mil tabernas.

Dueños de alambiques,
de bebidas espirituosas
y pérfidas.

Nos hemos consumidos
en hogueras
por mentiras
y verdades.

 

TE HE SEGUIDO

En cada pueblo
donde naces.

Setenta veces
he padecido
la muerte
y los gusanos.

 

REHACERME

Otra,
orgánica o mineral,
vertebrada
o invertebrada,
fruto o flor,
marsupial o marsopa;
hombre o mujer.

Y no miras
siquiera
mi esplendor.
Y este dolor alisio
que golpea,
sin notarse
casi;
sin descubrirnos.

Esta pena de buscarnos,
tan recia, tan aguda;
hombre mío.

 

EMPIEZA LA REGRESIÓN

La muerte
de la última gardenia.

Hace noches
hay silencio
de aromas
que no refugian.

Se hiela el cuerpo
y la palabra.

Se acaba este viaje
último
de reconocimiento.

 

NO PUEDO REMOVER

La memoria.

Extraviada
oculta maravillas
de la gruta esmeralda

en que vivimos
la primera vez,

cuando cazabas
para mí.

 

TE HUNDES

En la pantalla
de afuera.

Te distrae
de nuestro universo
sensitivo.

 

UNA NUBOSIDAD

En los ojos
de mi remembranza
te hace arena.

Y no estás,
pensamiento,
en mí.

Desierto de voces
y rostros.

 

BUSCARTE

Engorroso cayado
que sale a recorrer
los mares y las extensiones
telúricas.

Se vuelve a incrustar
en la misma tierra,
tus dominios.

 

LA OBEDIENCIA

De abandonarme paraíso
fue más fuerte
que el higo dulce.

Por eso la orden,
el paradigma de vagar
solitarios de sensaciones,
aprehendidas
cuando éramos inocentes
de serpientes
y manzanas.

 

RECOGERÉ EL MARASMO

Las barcas,
el fuego.

Partiré hacia
los hemisferios celestes,
domiciliándome 
con mis pertenencias
blancas
en el bosque más luminoso
de mi cuerpo,
donde no ansíe ya.

Donde no duelan 
las reminiscencias,
el desasosiego
plácido.

 

TERMINÓ MI TESTIFICACIÓN

Del decurso elíseo.

Mi piel no volverá a ser
en este campo de energías
atómicas.

Mi carne será soplo
nitrogenado
helio, hidrógeno,
oxígeno.
Viento al norte,
viento al sur.

Sin casa que resguarde,
paredes
que me contengan.

Sin necesidades
de agua,
 
fuego,
 
 
árbol.
 

Ni boca en la palabra.


NAZCO AHORA

Viento desmemoriado,
sin pasado,
ni futuro.

Presente disoluble,
viento no impetuoso.

Ni siquiera tempestad,
viento del este.

 

QUIZÁS

Algún atardecer,
una brisa fresca
desordene tus cabellos
amados,

acaricie tu rostro,
bese tus labios,
y me pienses.

Tu memoria se agite
en un vago recuerdo,
otra sensación
inabrazable ya.

Habré seguido
helio evaporado,
indetenible.

 

TAL VEZ SOBREVIVAMOS

Terca espero
la trasmigración
definitiva:
huesos y carnes
en oxígeno nitrogenado.

Unirnos argón y neón,
indiferenciados.

Como en los primeros
tiempos,
de costillas y barro,
madera y maíz.