1979-1981

 
     
 
 

 

PARA COMENZAR A VIVIR

 

Quién, que algunas veces se levanta acallando la veracidad cotidiana. De Igual figura, diferente sombra. Fuerte y no sabe mentir.

Tiene acerada la mirada. Es dulce, pero no sonríe. Surge del dolor de la tristeza. Y no habla. En silencio dispone las frases y describe regiones profundas en mapas de agua, fuego, tierra.

Y no la entiendo, ellos tampoco. Sabe que me asombra.no le basta. Quiere que me funda en su fuego para comenzar a vivir.

 


 
     
 
 

 

NO HAY SUSTANCIA

 

No hay sustancia algunos días para formar el laberinto de dilemas.

No hay tristeza, no hay melancolía. No hay ese grito intenso que sacude la memoria y hace llover y hablar y gritar.

Son esos días apacibles en que la serenidad está en equilibrio con el cosmos. No hay sosiego que buscar. Es como el devenir, el otro lado de la muerte

 

 

 


 
     
 
 

 

REGRESO AL FUEGO

Estoy fastidiada. Quiero regresar a mi tumba, bajo las aguas turbias.

No soporto la sonrisa ingenua ante los que comenzaron a poblar esta tierra cuando era árida. Y los que tiran de mi falda y me besan.

Tengo el oro que brilla, el cristal que resplandece, el amor que se condensa en todas las gotas de agua. Tengo el mundo a mis pies, suplicante.

Aún así, quiero regresar a mi losa fría y al rostro consumido. Volver a la simbiosis con las algas, vivir de ellas hasta agotarlas.

 

 


 
     
 
 

 

VUELTA A LA TIERRA

Volver al primer parto, quedarme desnuda, dormida en la falda de la Tierra. Bañarme de fuego, cambiar de piel a menudo. Volver a la esfera que el hombre fecunda, regresar a la estrella del gen presentido.

Abandonar el plácido sueño, vivir el diluvio y caer lentamente mientras los ojos suben a cerrar las ventanas.

Despertar sudada, con las piernas entumecidas, calcinados los huesos.

 

 


 
     
 
 

 

LATIDO HUMANO

Entonces, podré sentir que soy humana, y tendré qué contar a los que nunca escucharon. Dirán que soy grande. Porque grande es el tormento.

Podré contar mis viajes a fantásticas ciudades, aplastadas por olas que lamen fuego. Mis fatigas de correr con el vestido en la mano. Los ojos multiplicados en cuentas de collar sobre los hombros, mientras un rostro de siete cabezas me sigue. Me llama. ¡Madre!

Mis noches dormidas sobre babosas cobijas, las conversaciones con los huesos que se levantan al mismo tiempo que la tierra y la neblina.

Y aquella noche, en que el auto se hundía en una zanja de lodo. A través de la ventanilla veía cómo se estacionaba en un fondo de mar. Yo elegía entre la falta de aire y el exceso de sal.

 

 


 
     
 
 

 

EL ARMISTICIO Y LA LID

Éste, que ama la guerra y la paz. En la austeridad engendra la forma que despierta del sonido de la lluvia. Río de flores de agua.

En el ensueño turbulento de las horas corre un niño que nunca duerme. Sueña con las patas de un elefante atropellando su barriga.

Cuando el mundo lo ocupa, muere como una planta sin aire. un par de zapatos los trueca por una alfombra que arde.

Éste que ama la devoción de la trascendencia de la vida y de la muerte. Y los aplausos. Los gritos de los adeptos en la euforia del rito.

 

 


 
     
 
 

 

LABILIDAD

Ya casi veo la multitud de fieles arrodillados en la playa. Yo en la tarima de nubes. Hablando de la labilidad del hombre que escribe la búsqueda de la tranquilidad en las pisadas. Necesidad de no adelgazar la voz para el nuevo brote.

Un poco más allá, en la calle de ozono, mi cuerpo agachado. La lengua extendida solicita una fuente donde dejar la hiel.

 

 


 
     
 
 

 

LA ESPERA

“Ella vendrá en lo más callado de una noche,
a sorprenderme junto a la muda fuente”.

José Antonio Ramos Sucre.

 

Vino a contar con mi cuerpo, me propuso el viaje a partir de un simple sueño. Decidív la espera hasta vivir la violencia del mar levitado, el fuego que se desliza de la erosión de las montañas deshabitadas.

Se colmarán los ríos, se cubrirán los valles. Una lengua de lava subirá por los zapatos del hombre, como colmenas de hormigas y hambre.

 

 

 


 
     
 
 

 

QUIERO RECONCILIARME CONTIGO SOLEDAD

 

La primavera está llena de colores, el campo verde y húmedo me atrapa en su encantamiento. Hay fiestas en los pueblos vecinos. Todos bailan y extienden los cuerpos de sonrisas dormidas. Me halagan con sus exquisitos frutos. Ellos saben que intuyo lo efímero de la naturaleza salvadora.


En medio de tanta primavera, mis ojos sólo quieren ver las hojas que crujen. Se desmoronan entre los nerviosos dedos del tiempo.

He sospechado el amor a la desolación de muerte, que se tiene que afrontar como tributo a la soledad. Tú me estabas esperando. Sabías que no soportaría el dolor físico de la tierra rozagante que aturde el espacio interior. Recíbeme de nuevo en tu casa, olvida el día de entusiasmo, de fogosidad sentimental. Cuando te devolví la memoria que me habías prestado.

Y me reí de ti. ¡Hasta nunca! Ve en busca de otro cadáver. ¡Mira mi piel, palpitante! No me busques, aléjate de mi hermosa primavera.

Dejé de ser buena, dejé de hablar conmigo. Comencé a entender al mundo, pero olvidé reconocerme. Cuando me vi tan extraña en la risa de la gente, recordé tus brazos: hablábamos de cadáveres que braceaban en alcohol y trementina. Comprendí que te habías ido.


Recordé tus palabras del naufragio anterior: "Vendrá a ti como un velo azul transparente, para el gran sosiego".


Quiero reconciliarme contigo, soledad. Tu palabra fragua mis fantasías, rescata mi tiempo y mi cordura. Quiero fundirme en ti, definitivamente, como se evapora el agua que abrasa fuego.

 

 

 


 
     
 
 

 

EL SECRETO DE LA EXISTENCIA

El secreto de la existencia se va haciendo lámpara que difumina sombras. Desde ese estado se diluyen los sentimientos. La paz del mullido sillón y las certezas del encuentro se alteran. Se desprende el rótulo por el que se es aclamado. No se observa otra forma que el desierto.

A mitad de jornada la ropa se ha desgajado, junto a la carne desprendida. Las huellas se han perdido de la cercana visión. No sorprende el dolor ni los sentimientos que vuelven. Una voz, su río en hermetismo le habla. Cuando hayas desandado la mitad de tiempo de vigilia debes detenerte en las huellas. Toma un pedazo de la tela desgajada junto a la carne desprendida, siéntate a la sombra del árbol más anciano. Comenzarán a fluir otros sentidos. Si una lágrima desciende y estremece el cuerpo
en lástima, entonces, échate y descansa. Un nuevo tiempo volverá a llamarte. Si miras como lejos un punto en perspectiva que se pierde de la razón, sin trazos de tela y carne,vuela como gacela. Balancéate en el filo de todos los abismos, ríete de la muerte. Llámala madre. ¡Madre!

Cuando llegue con su traje de sombra y su vuelo de noche, pídele el secreto de su larga existencia.

 

 

 


 
     
 
 

 

NO ERA TIEMPO

 

Entró. La miré desde la misma imagen que había elaborado. Fu difícil. Los ojos de lava dibujados n mi cuello. La duda. Erá yo, o era ella que regresaba.

Recuerdo la mecedora, el tejido amarillo, la tela de araña y el libro cubierto de polvo. El espejo podría ayudar. Quedó en la alcoba cuando pequeña. Me tiene en sus manos de aire frío. Aprieta mi cuello toma el fuego. Mira el reloj. Se disculpa apresuradamente.

 

 


 
     
 
 

 

DEVUÉLVEME LA INOCENCIA

Devuélveme la inocencia que me hacía inclinar el rostro, adelgazado, ante los grandes árboles; Despintada. Con las ropas raídas. Los pies descalzos, inflamados. Sin mentiras, El corazón en la mano, surcando fantasías. Preparando la siembra, la oquedad donde enterrar otra semilla.

Regrésame las ramas taladas en prisa y desamor. Curtirme de la mucha luz y de la mucha sombra; sin fatigar tanto la memoria.

 

 

 


 
     
 
 

 

MEMORIA DE INFANCIA

Por momentos siento que alguien golpea mi rostro. Es la fatalidad que regresa. Busco un espejo, reconozco la mano enrojecida en mi piel. Son los mismos dedos largos con que el destino quiso una vez aniquilarme.

Sé que puedo hacer con ella lo que se me antoje. La llamo y viene, le pido volver al desarrollo de la demencia y comienza jugando al escondite.

Después de que compruebe de nuevo su fuerza, la enfrentaré a mi capa de asfalto. Entonces podré vengar a la niña que creció entre púas, acumulando memoria de infancia errada.

 

 

 


 
     
 
 

 

ESFUERZO DE SERENIDAD

A veces surge la necesidad de destruir todo el esfuerzo de serenidad que se ha construido arduamente. Desgarrar el equilibrio, volver a mirar en el mismo espejo de luces amarillas. los ojos inyectados de sangre. Perder la memoria nueva, desencajar los hilos de los dias de la ilación de los días.

Después, ¿podré ocuparme del cambio de la película?

 

 

 


 
     
 
 

 

HACIA LA OQUEDAD

 

Estuve preguntando por la ventana que conduce a la oquedad. Escalé el propio laberinto cuerpo, desentrañé la tierra, nadé hacia profundas aguas, presencié las brasas del fuego al bajar de las montañas. Desempolvé la memoria de los antepasados. Sólo vestí sombras.

Sospeché rasgar el velo azul, las formas blancas. Decidí traducir el rumor de los ríos, prometían dicados inefables. Desde entonces dibujo el agua, el fuego, la tierra, el aire. Piden que deje de ser tierra y agua, que viva intensamente, que arda, que sea sensitiva, que llene las fuentes de lava.

Solo entonces puedo volverme tierra virgen fértil.

 

 


 
     
 
 

 

DEJAR DE SER TIERRA

 

Si dejo de ser tierra he de pensar n la posibilidad de ser arbusto. Ahogar el grito en la poda. Habrán de ser gnerosos mis dedos para extenderse en frondas.

¿Encontraré un jardinero que sople como en el principio? ¿Dónde? Que una semilla motiv el vientre y de la compacta tierra alumbre la huella más fructífera. ¿Quien? Serviré el agua necesaria, araré la tierra, ahondaré los surcos, habrás de darme tu fruto mañana.

Permito tener entre tus manos mis capullos, adornar tu cuello y tus cabellos con el perfume de mis rosas, te dejaré podar mis ramas más verdes, pero no me quites la necesidad de tierra.

Déjame nvejecer n tu jardín jardinero, deja que poco a poco me vaya absorbiendo.

 

 


 
     
 
 

 

VOLVER AL TIEMPO

Volver a la infancia que arrastra misterios, patear, gritar, llorar. llamar la atención de los ciegos. Encontrar la esperanza de unos brazos que ahuyenten los miedos.

Ser adolescente. Volver a la interferencia del sonido. Exigir derechos al mundo que corre afanado en cosas de grandes.

Esperar que el tiempo pase. Tiempo de hablar pausado,
rostro de cera, mirada cetrina. Manos baldadas de piel ceniza.

Un cuerpo se mece, un libro. Una lámpara aún encendida en espera del próximo sol.

 

 

 


 
     
 
 

 

CRECIDO ESTÁ EL FUEGO

 

Desde la espuma de este árbol secreto, allá abajo, correteando travieso por las aguas tranquilas de nuestro río, se ve crecido el fuego. Sus piernas se han robustecido ya no necesitan de nosotros para sostenerse.

Sus palabras, antes balbuceos, interminables horas de silencios se arrojan sobre los rostros.

Qué crecido el fuego de tierra. Como un árbol de sangre. Cómo juega con la materia. Cómo la va calentando. Cómo nos vamos quedando sombra.

 

 


 
     
 
 

 

DESDE AFUERA

 

No vivía del pueblo en ruinas, de la guerra, de los tormentos ajenos. No bajé las escaleras que conducen al mundo sensible, ni entré a las casas donde se escuchan llantos y gritos.

Desde afuera miraba las ventanas sin cortinas, las moscas pululando en las cocinas, las fachadas despintadas y sucias. Desde afuera sentía los espasmos de los estómagos de los niños y la marcha de los husos hacia el limbo.

Daba pasos. Quería solidarizarme desde la luna negra y mis harapos de teatro. Nunca llegaba al escenario, prefería llorar desde el asiento masticando chicles de manzana y menta.

 

 


 
     
 
 

 

POR ESO VINE

Estoy entre ustedes porque no quiero llorar. Por eso vine a atolondrar mi mente en este circo donde todos ríen y se golpean. Me miran extrañados, mi palidez resalta. Mi color entorpece la faena de guerrear.

El tiempo corre extraviado junto al sin sentido de las frases. Huyo desde el mismo asiento.

Les dejo mi cuerpo. Adentro me espera la lluvia todavía.

 

 

 


 
     
 
 

 

ESAS NOCHES

 

No quiero que vengan las noches a pasar vacaciones en la luz de mis días. Comienzan a caer una a una las murtes. Vienen en busca de la palabra que nunca dije. Me llaman monstruos que luchan con las sábanas de mi cama. M dejan agazapada n un rincón esperando.

Mi fantasía trabaja presurosa en divagar rostros. Pienso en el amor como una forma vestida de rojo. Pero los gigantes me despiertan y me señalan un traje negro que ríe. Los cambios de colores queman mis ojos que salen a la regadera a refrescarse.

Son esas noches en que nada cambia mi circunstancia amorfa. La ansiedad abrasa la garganta. Son noches de fantasmas, murtes y figuras.

 

 


 
     
 
 

 

UNA VEZ MÁS

 

Afanosamente me invento una vez más. Me fabrico una fe, una espera, un ideal. Un ser terreno donde apoyar mi sombra.

Cómo quisiera con los ojos abiertos suponer la existencia de palabras en silencio, como tantos perciben rumores, presencias, sentimientos tibios.

Cómo sería un hilo tan solo de la gran cortina de luces. Para iluminar la espera.

 

 


 
     
 
 

 

PARA VOLVER

¿Adónde la oscuridad de aquellos seres conducirá mi certidumbre de paz? Destruirán el hilo donde cuelga el equilibrio. Harán un rito alrededor de mi demencia. Se reirán de mi fe en la caridad. Encenderán hogueras de frío.
Elevarán pañuelos blancos y abrazos absueltos.

¿Goteará en furia mi carne? ¿Harán un festín de zamuros en banquete?

Mi memoria, en fuga, se detiene... Vuelve.

Un hálito de frescura,de agua cercana, nos baña.

 

 

 


 
     
 
 

 

EN SILENCIOSA ESPERA

 

De pie, con las manos entrelazadas de pavor en la profundidad del agitado mar. Mis pis besan caracolas, algas y caballos marinos. Los peces nerviosos miran el extraño cilindro, altean hasta marearme. Siento náuseas. El deseo de perder el equilibrio aumenta el vértigo de los peces. Son hermosos. Parece que el sol se les reflejara. No se están quietos. No me comprenden. Ese corretear alrededor de mí me enfurece. No sospechan que tengo miedo, creen que quiero jugar. Ellos tambien temen pero lo ocultan.

Tengo que pensar rápidamnte en la historia de la vida de la madera, y tornarme hoja, viento, fuego, árbol. Kilómetros de agua pesan sobre mí, impiden respirar. Siento la mirada aquella terrible de un demente en silenciosa espera. Las manos de la ofuscación sobre la opresión antigua de la presencia humana.

No moriré ahora por caminar, desde este océano de oscuridad, a la confluencia de todos los ríos.

Mis pies hacen danzar las piedra más grandes. El mar en su dulce apariencia azota las playas para encontrarme.

 

 


 
     
 
 

 

HOMBRE DE POLVO

El hombre de polvo despinta su piel, anda de conflicto en conflicto, desconoce las certezas, las nombra, recorre mil veces las calles empedradas, mientras admira el brillante asfalto. Entra a las calles cerradas, cansa sus pies, desgarra sus manos en inventario de tiempo.

Agrega y sustrae minutos gastados en las noches. No encuentra tiempo de sueño. Vive en la desesperanza, y espera.

Llora dentro del camión donde se trasladan los hombres que creen despejada la pista para las hormigas. Ríe en el jardín de estiércol. Grita su inacción como quien es perseguido. Quiere encontrar, en medio de tanto desorden un poco de néctar para aprender a sonreir.

Se observa, saca conclusiones, sigue profecías. Se asusta frente a prototipos de espejos, manchas y posturas encorvadas. Cada día espera un reflejo, imagen desdoblada.

 

 

 


 
     
 
 

 

ANOCHECIÓ UN TIEMPO

 

Anocheció el sueño de un tiempo aventurero. Jugábamos a la adolescencia, a la búsqueda de fuertes motivaciones que mantuvieran alerta los sentidos.

Día largo de tiempo. Constante de sueños. Como la noche. Sin perturbaciones . Sin sol, sin sonidos.

Día de tantos, anochecido, cuando la respiración cotidiana se detiene a descansar.

Ruptura poco precisa. Nueva temporada. Hasta otro tiempo oscurecido donde tenga que soltar la memoria.

 

 


 
     
 
 

 

NO ES FÁCIL TRASLUCIRLO

A través de la apariencia de la palabra es fácil notar la opacidad de la nostalgia y el temperamento ácido de toda una vida.

El agua fresca que salpica la memoria, las manos tendidas, la mirada cada vez más transparente, la sonrisa más profunda y prolongada, la ternura que se prodiga en rocío
la espera del devenir sin miedo, no es fácil traslucirlos.

Sólo en la cuenca de los ojos, detrás de la cortina de nostalgias, se van dibujando otras palabras mientras se aprende a sonreir.